OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (902)

La Santísima Trinidad

Hacia 1517

Francia

Orígenes: Comentario sobre el Evangelio según san Mateo

Orígenes comienza el tratamiento del capítulo catorce del evangelio de Mateo señalando la divergencia de enseñanzas existentes entre los saduceos y los fariseos a propósito del tema de la resurrección y de los ángeles (§ 20.1-2).

Sobre la resurrección de los muertos y los ángeles

20.1. «En aquel tiempo, el tetrarca Herodes oyó hablar de Jesús y dijo a sus cortesanos: “Este es Juan el Bautista”» (Mt 14,1-2).

20.2. Así aparece en Marcos (cf. Mc 6,14) y también en Lucas (cf. Lc 9,7). Los judíos tenían diversas opiniones sobre las cuestiones de fe: algunas falsas, como la de los saduceos acerca de la resurrección de los muertos, que para ellos no resucitaban (cf. Mt 22,23-28; Hch 4,1-2; 23,6-7), y acerca de los ángeles, que para ellos no existen (cf. Hch 23,8); pero ellos interpretaban en sentido alegórico únicamente los textos a tal respecto, textos que para ellos no tenían nada de cierto, desde el punto de vista histórico; otras opiniones, en cambio, eran ciertas, como la de los fariseos sobre la resurrección de los muertos, que para ellos resucitan (cf. Hch 23,8). Lo que buscamos, pues, sobre este punto es si tal era la opinión sobre el alma sostenida erróneamente por Herodes y por algunos del pueblo (cf. Mc 6,14; Lc 9,7). Juan, eliminado por él poco tiempo antes, había resucitado de entre los muertos tras haber sido decapitado, era aquel que llevaba otro nombre y se llamaba ahora Jesús, capaz de recibir los mismos poderes prodigiosos que antes operaban en Juan.

Es completamente inaceptable la confusión, que se había apoderado de Herodes y otros muchos, que les conducía a sostener que Juan Bautista había pasado, una vez muerto, al cuerpo de Jesús. Tanto más cuanto los evangelios, de forma unánime, impiden siquiera imaginar semejante equívoco. Y es asimismo erróneo decir que Jesús era simplemente un profeta más (§ 20.3-4). 

Jesús y Juan Bautista

20.3. ¿Cómo sería posible, pues, pensar que aquel que era tan conocido por todo el pueblo y famoso en toda Judea, aquel de quien se decía que era hijo del carpintero y de María, y que tenía a esos como hermanos y hermanas (cf. Mt 13,55; Mc 6,3), se identificara con Juan, hijo de Zacarías y Isabel, siendo estas personas conocidas entre la gente (cf. Lc 1,5)? Con toda probabilidad, la gente tenía de Juan la opinión de que era un verdadero profeta (cf. Mc 11,32) y debían de ser muchos los que lo pensaban, hasta tal punto que los fariseos -para no dar la impresión de decir algo que disgustara al pueblo- temieron responder a la pregunta sobre si su bautismo era del cielo o de los hombres (cf. Mt 21,25; Mc 11,30; Lc 20,4): por lo tanto, no se ignoraba que Juan era hijo de Zacarías (cf. Lc 1,19-22). Quizás a algunos de ellos les había llegado también la noticia de la visión que tuvo en el templo cuando Gabriel se le apareció a Zacarías (cf. Lc 1,19-22). Ahora bien, ¿cómo podría ser verosímil, tanto para Herodes como para algunos del pueblo, caer en el error de creer que Juan y Jesús no eran dos personas, sino que el mismo y único Juan había resucitado tras la decapitación y se le llamaba Jesús? (cf. Mc 6,16; Lc 9,8-9). 

Una confusión lamentable

20.4. Alguien dirá que en Herodes y en algunos del pueblo existía la falsa creencia en la metensomatosis[1], a partir de la que creían que aquel que, por nacimiento, había sido en su día Juan, volvía a la vida desde entre los muertos en la persona de Jesús. Pero el tiempo transcurrido entre el nacimiento de Juan y el de Jesús, que no supera los seis meses (cf. Lc 1,24-26. 36), no permite considerar plausible esta falsa creencia. Más bien Herodes habría sospechado, tal vez, que los poderes que actuaban en Juan habían pasado a Jesús (cf. Mt 14,2): a causa de estos poderes, entre la gente se creía que Jesús era Juan el Bautista. Y se podría argumentar así: como a causa del espíritu y la fuerza de Elías (cf. Lc 1,17), y no de su alma, se dice sobre Juan: “Este es Elías, el que ha de venir al mundo” (Mt 11,14; cf. Mt 17,10-13), habiendo pasado a Juan el espíritu de Elías y su poder, así Herodes creía que los poderes de Juan, que en él mismo habían obrado solo la fuerza del bautismo y de la enseñanza -pues Juan no había realizado ni siquiera una señal (cf. Jn 10,41)-, mientras que en Jesús habían obrado también fuerzas prodigiosas. Se dirá: una suposición similar la hacían aquellos que decían que Elías había aparecido en la persona de Jesús o que uno de los antiguos profetas había resucitado (cf. Lc 9,8. 19; Mt 16,14; Mc 8,28). Pero no vale la pena examinar la opinión de aquellos que decían que Jesús era profeta, como uno de los profetas (cf. Mc 6,15).

Era falsa la idea que Herodes, y otros/as, se hacían sobre Jesús. Pero sí se puede afirmar que san Juan Bautista tenía “el espíritu y el poder de Elías” (§ 20.5).

Juan Bautista tenía el espíritu de Elías

20.5. La afirmación relativa a Jesús es, por tanto, falsa, tanto si se atribuye a Herodes como si la expresan algunas personas. A mí, sin embargo, me parece más probable la analogía entre la opinión de que Juan vino con el espíritu y el poder de Elías (cf. Lc 1,17), y lo que ellos están imaginando acerca de Juan y Jesús.

A partir de lo expuesto con anterioridad, Orígenes formula tres conclusiones: 1) cuando Jesús se entera del cautiverio del Bautista, parte para Galilea; 2) desde la prisión Juan manda dos discípulos para preguntarle a Jesús si es el enviado de Dios; 3) Herodes afirmó equivocadamente que Jesús era Juan el Bautista resucitado de entre los muertos. Y a continuación se abre una nueva cuestión: cómo fue la muerte de Juan Bautista (§ 20.6).

Tres conclusiones

20.6. Pero como hemos aprendido, en primer lugar, que el Salvador, tras la tentación, “cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea” (Mt 4,12); y, en segundo lugar, que Juan, estando en prisión, «envió a dos de sus discípulos a preguntarle: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?”» (Mt 11,2-3; cf. Lc7,18-19); y, en tercer lugar, finalmente, se ha visto que Herodes afirmó acerca de Jesús: este “es Juan el Bautista, es él resucitado de entre los muertos” (Mt 14,2), pero antes no habíamos leído en ninguna parte cómo había sido eliminado el Bautista; Mateo también relató esto, y Marcos lo relató con un relato similar al suyo; en cambio, Lucas ha omitido la mayor parte de sus relatos.


[1] El paso de un cuerpo a otro.