OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (719)

La Natividad de nuestro Señor Jesucristo

1332

Evangeliario

Van, Armenia (actual Turquía)

Orígenes, Homilías griegas sobre los Salmos

Homilía IV sobre el Salmo 36 (37)

Introducción

Son realmente “descendencia del justo” los que escuchan la palabra, reciben al Verbo de Dios en su corazón y obran con rectitud. En cambio, los que mal interpretan, o creen comprender la enseñanza de los apóstoles pero la falsean, no son verdadera descendencia de Abraham. Es más, en cierto modo, se asemejan a Judas, pues traicionan a su Maestro (§ 3.8).

En la conclusión de este largo tercer párrafo, Orígenes reflexiona sobre la posibilidad de comprender “la descendencia” incluso en sentido corpóreo, pero opta por volver a la interpretación espiritual: “la descendencia” es la doctrina y la palabra del justo[1] (§ 3.9).

«Después de haber puesto en evidencia como él veía su propia predicación, en el sentido de la fecundidad de la Palabra, que le procura “una descendencia” por medio de sus oyentes y/o discípulos, Orígenes vuelve a pedir la asistencia orante de la comunidad, para que pueda corresponder siempre más al modelo del “justo” prefigurado en el salmo. Nuevamente manifiesta la conciencia de oponerse así a la enseñanza de los maestros heréticos, como Valentín y Basílides, que prestan “riquezas injustas”, en tanto que él sigue inspirándose en el modelo de Pablo[2]» (§ 4).

Texto

“Los pecadores no eran descendencia del justo”

3.8. Así entonces, “descendencia del justo” podría ser el discípulo[3] que recibe la semilla de la salvación. Por ejemplo, si ustedes rezan por mí para me haga justo y reciba gracia, palabra, sabiduría y palabra de conocimiento cada día más; y después, el Verbo entrando como una semilla en el alma de ustedes que escuchan, les da forma[4], formando a Cristo en ustedes (cf. Ga 4,19), entonces devienen descendencia de la palabra del justo. En consecuencia, “no he visto al justo abandonado, ni a su descendencia buscar el pan” (Sal 36 [37],25). Porque de ninguna manera la descendencia del justo busca el pan, ya que tiene, por medio de los justos, de los que ha recibido la semilla, la fuerza de los panes de Dios. Pero si alguien replica con una objeción, por causa de los que creen comprender al justo Pablo o a Pedro y pecan, se les responderá contigo que los pecadores no eran descendencia del justo. Y como los pecadores no eran descendencia de Abraham, por eso se dice: “Si fueran hijos de Abraham, harían las obras de Abraham” (Jn 8,39); así también no eran descendencia de Pablo los que creían comprender, pero no comprendiendo parecía que expulsaban la palabra de Pablo de sus almas. Del mismo modo, Judas no era hijo de Cristo, ya que “después del bocado Satanás entró en él” (Jn 13,27), y antes de Satanás el diablo puso en su corazón entregar al maestro. Por tanto, tenemos también la respuesta a la objeción: “No he visto a un justo abandonado, ni a su descendencia buscar el pan” (Sal 36 [37],25). 

3.8. ¿Y qué otra cosa es comprender dignamente la descendencia del justo, si no que el discípulo del justo, que recibe de él la semilla de la Palabra de Dios, es engendrado a la vida eterna? Por ejemplo, si por sus oraciones merezco ser justo y recibir del Señor la gracia de una palabra de sabiduría y ciencia (cf. 1 Co 12,8), para que así pueda, según la gracia que yo mismo haya merecido del Señor, servir a la Palabra de Dios y sembrarla en sus almas (cf. Mt 13,18); entonces, la Palabra de Dios, después de ingresar en sus almas y adherirse al corazón de ustedes, forme sus mentes según la imagen del Verbo mismo; es decir, que quieran eso y hagan eso que quiere el Verbo de Dios, y que por esto mismo Cristo sea formado en ustedes (cf. Ga 4,19). Entonces, verdaderamente serán la descendencia del justo, que no busca panes (cf. Sal 36 [37],25), teniendo siempre ciertamente en ustedes aquel Pan que bajó del cielo (cf. Jn 6,41). A lo que si me respondes y me dices: “¿En qué medida escucharon Pedro y Pablo, que sin duda eran doctores muy justos y, sin embargo, pecaron? ¿Cómo, por tanto, son llamados descendencia del justo?”. Pero mira si, tal vez, como no todos los que salieron de Abraham son también llamados descendencia de Abraham (cf. Rm 9,7) -a quienes se les dice: “Si fueran hijos de Abraham, sin duda harían las obras de Abraham” (Jn 8,39)-; así también quienes escucharon a Pedro o a Pablo, y no hicieron lo que habían enseñado Pedro y Pablo, no eran su descendencia, porque recibiendo las semillas del Verbo, las expulsaron de sus almas por un mal uso, y las esparcieron.

El alimento del justo

3.9. A continuación, también es posible que la descendencia sea una expresión…[5]. Lo que en este lugar parecería tener una explicación forzada, pero en lo que sigue esto tiene explicación; en cambio, la explicación antes dada no tiene el mismo énfasis, sino que parece ser forzada. Entonces, alguien dirá que descendencia, en el mismo salmo, es dicho con un doble significado, pero otro intentará probar que lo que parece forzado no es forzado. Ahora bien, en lo que sigue se dice: “Y la descendencia de los impíos será destruida” (Sal 36 [37],28). Es evidente que la descendencia de los impíos no será destruida en sentido corporal; y, en cambio, (Job) se manifiesta justo ante el Señor y dice profetizando: “La maldiga el que maldice aquel día, el que está por capturar el gran pez” (Jb 3,8)[6]. Pero, tal vez, según aquella interpretación, la palabra del justo no será destruida, ni su descendencia andará en busca de pan (Sal 36 [37],25). La palabra no tiene necesidad de alimento, porque (el justo) la tiene para sí siempre como alimento.

3.9. En conclusión, también este mismo salmo dice en otro lugar: “La descendencia de los impíos será exterminada” (Sal 36 [37],28). Ahora bien, es cierto que la descendencia carnal de los impíos no es exterminada. Job, por ejemplo, era de la descendencia del impío Esaú[7], y fue declarado justo por el Señor, fue señalado profeta, y mereció ser colmado de elogios, más que todos los justos (cf. Jb 2,3). Pero esto que dijimos más arriba, que como la descendencia del justo es su palabra y su doctrina, palabra que alimenta y restaura las almas, de modo que niegan carecer de panes, pues Cristo es su Pan (cf. Jn 6,35); así también, al contrario, la doctrina y la palabra de los impíos es su descendencia, que se dice será exterminada (cf. Sal 36 [37],28), porque está compuesta de falsedad, y cuando llegue la luz de la Verdad, es seguro que las tinieblas de la mentira serán puestas en fuga.

Riquezas justas

4. “Todo el día el justo tiene misericordia y presta” (Sal 36 [37],26): el justo tiene misericordia todo el día, presta todo el día, no se ocupa de otra cosa si no de prestar. Por la abundancia de los dineros da en préstamo desde el amanecer hasta el atardecer. Pero (el salmo) no dice esto (en sentido literal): que, si alguno es justo, abriendo un banco y teniendo dinero, lo dé en préstamo. También esto se dice en el Deuteronomio y en el Éxodo. Pues creo que en ambos libros se dice: “Darás en préstamo a muchas naciones, pero tú no tomarás prestado” (Dt 15,6; cf. Ex 22,24). Pero es evidente que, si tengo dinero genuino y recojo más dinero de los tesoros y de las cajas fuertes de Dios, de los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (cf. Col 2,3); y tengo cinco talentos que se convierten en diez, y dos que devienen cuatro (cf. Mt 25,16-17), teniendo siempre más dinero genuino en el alma, haciendo misericordia todo el día, ahora todo el día doy en préstamo a tantos, aunque no sea un justo. Por eso oren para que llegue a ser un justo, y siendo un justo les dé en préstamo riquezas justas, acumuladas por medio de la justicia misma, para que sean riquezas justas. Que no sean nunca, como se puede decir de las riquezas, riquezas injustas procuradas deshonestamente, con gemidos, con injusticia, con aflicciones, por medio del robo y la codicia, sino riquezas justas, fruto de los justos cultivos personales, sin haber afligido a nadie. De la misma manera, también sobre los dineros y el poder, incluso el que consiste en las palabras, se puede decir que unas son las riquezas justas, como eran las riquezas del apóstol Pablo; en. cambio, otras son las riquezas injustas, como eran las de Valentín y Basílides. Porque estos no tenían riquezas; pero si tenían riquezas, sus riquezas eran injustas. Oren, por tanto, para que nuestros dineros se atesoren conforme a la justicia, y una vez atesorados sean tales que también ustedes puedan prestar sin riesgo, así yo[8] no escucharé: “Debías poner el dinero en el banco” (cf. Lc 19,23; Mt 25,27).

4. “Todo el día se compadece y presta” (Sal 36 [37],26). El justo tiene piedad “todo el día”, y todo el día se dice que presta, a ninguna otra cosa se aplica, sino a prestar ese dinero que (posee) en abundancia. ¿Se pensará acaso en un justo sentado todo el día en una mesa, teniendo el dinero ante sí, y que presta a quienes padecen necesidad? Tal vez, se piense que esto sea lo que fue dicho por Moisés: “Y tú prestarás a muchas naciones, pero no buscarás recibir en retorno” (Dt 15,6). Mas lo cierto es que se habla sobre el dinero del Señor, que se manda entregarlo a los banqueros, sacándolo de los tesoros de la sabiduría y ciencia de Dios (cf. Col 2,3), para que produzcamos de cinco talentos, diez y de dos, cuatro (cf. Mt 25,16-17). Pues cuanto más abundante sea el dinero que tengamos en nuestra alma, tanto más prestaremos todo el día.

Pero también ahora, aunque no sea un justo, sin embargo, les presto esto que les digo: (es decir), el dinero del Señor. Pero ustedes oren para que yo llegue a ser un justo, y pueda prestarles el dinero de la justicia, para que no solo de palabra, sino también con un ejemplo de justicia, enseñe la justicia.

Por eso, como hay dineros injustos, que se han reunido de forma inicua y contra la ley, por medio de la calumnia y la mentira, y los diversos males de la avaricia; y, al contrario, hay dineros que se han reunido con justicia y según la ley, es decir, por medio de trabajos apropiados y justos, así también sucede con la palabra y la doctrina. Hay palabras reunidas no buenamente, ni con justicia, ni legítima, como son las palabras de los herejes y su doctrina acumulada contra la Ley de Dios, que debemos huir como peculio inicuo, pestífero, recogido a partir del mal. Oren, por tanto, para que nuestro dinero, el que les prestamos, se encuentre por completo ser el fruto de justos trabajos, todo entero procedente de la moneda del Señor, para que también ustedes consignen íntegro el préstamo y nosotros no escuchemos: “Debías entregar mi dinero a los banqueros” (Mt 25,27).



[1] Origene, p. 332, nota 19.

[2] Ibid., p. 335, nota 20.

[3] Lit.: su discípulo (¿del Señor?).

[4] O: los forme, los plasme (morphoo).

[5] El texto griego en parte está mal conservado y es de difícil comprensión, pero el sentido se aclara a la luz de la versión latina (Origene, p. 332, nota 19).

[6] Cf. Orígenes, Tratado sobre la oración, XIII,4: «Quien haya comprendido que la ballena de la historia de Jonás es la figura a la cual se refiere Job diciendo: “Maldíganla los que maldicen el día, los dispuestos a despertar al Leviatán” (Jb 3,8), que se arrepienta y ore y saldrá de ella, si por alguna desobediencia se hallare en el vientre de la ballena. Si se libra y persevera fielmente cumpliendo los mandamientos de Dios con ayuda del Espíritu será capaz de predicar a los ninivitas de hoy que están al borde de la perdición, siendo para ellos causa de salvación, pues ya tiene experiencia de la misericordia de Dios y busca que él no sea riguroso con los que se arrepienten». Y también Homilías sobre el Levítico, VIII,3: «Job, no sin (inspiración) del Espíritu Santo, hablaba “maldiciendo el día de su natividad diciendo: Maldito el día en que nací, y la noche en la que dijeron: He aquí un varón. Que esa noche sea tinieblas, y que Dios no la busque de nuevo, ni se sume a los días del año, ni se enumere entre los días del mes” (Jb 3,1-4. 6). Si no te parece que Job dijo esto por el Espíritu divino y profético, considera lo que sigue, porque añade: “Pero que la maldiga el que maldijo aquel día en que hará morir al gran pez” (Jb 3,8). Ves, por tanto, como en el Espíritu Santo predijo sobre el gran pez al cual el Señor mataría…».

[7] Job habría vivido en los confines de Arabia y Edom (cf. Jb 1,1; Gn 36,28; Lm 4,21). Por tanto, de la descendencia de Esaú (cf. SCh 411, p. 212, nota 1).

[8] Lit.: nosotros.