OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (138)

Mateo1.jpg
San Mateo escribiendo
Hacia 1100
Evangeliario
Aix-en-Provence, Francia
CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, STROMATA

LIBRO II

Capítulo XIV: Los actos involuntarios

   Las diversas acciones involuntarias

60.1. La acción involuntaria no está sometida a juicio -y esto por dos motivos: o por ignorancia o por necesidad-. En efecto, ¿cómo podría establecerse una sentencia contra los que, se dice, pecan de manera involuntaria?

60.2. Porque, si uno ha perdido el conocimiento de sí mismo, como Cleómenes o Atamante (Athamas) que se volvieron locos.

60.3. O si no sabe lo que hace, como Esquilo -al manifestar (lit.: declarar) en el escenario los misterios, juzgado en el Areópago, fue absuelto por demostrar que él no estaba iniciado-.

60.4. O uno desconoce lo que se hace, como cuando deja escapar al adversario y mata a un familiar en vez del enemigo.

60.5. O bien con qué está haciendo la acción, como el que ejercitándose con jabalinas (o: lanzas pequeñas) provistas de protección (lit.: redondeadas), mata a alguien porque su jabalina ha perdido la protección.

60.6. O bien (ignora) el modo, como el que en un estadio mata al rival -cuando no luchaba por matar, sino por vencer-.

60.7. O (no sabe) cuál es el resultado, como el médico que mata a uno al darle una medicina saludable, siendo así que no la dio con ese fin, sino con el de salvarlo.

Se juzgan los actos deliberados

61.1. Antiguamente la ley también castigaba a quien mataba involuntariamente (cf. Nm 35,22-25; Dt 19,5), como al que padecía involuntariamente derrames seminales (cf. Lv 15,16; 22,4), pero no del mismo modo que al que (obraba) voluntariamente.

61.2. No obstante, será también castigado como por un acto voluntario todo el que relacione la pasión con la verdad; así, debe castigarse en realidad al que no retiene la palabra llena de vida, porque esa pasión es algo irracional del alma, cercana al veneno de la charlatanería: “El fiel prefiere guardar las cosas sin decir nada” (Pr 11,13). En efecto, son los actos deliberados los que se juzgan.

61.3. “El Señor examina los corazones y las entrañas” (Sal 7,10; cf. Jr 11,20; 17,10); y “quien mira deseando” (Mt 5,28) (ya) está juzgado. Por eso dice: “No desearás” (Ex 20,17), y “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Is 29,13; cf. Mt 15,8; Mc 7,6).

61.4. Porque Dios observa la intención en sí misma; también a la mujer de Lot, que únicamente había mirado para atrás voluntariamente hacia la maldad del mundo, El [Señor] la dejó insensible, presentándola como una piedra de sal y la dejó clavada en el suelo (cf. Gn 19,26; Lc 17,31-32), para que no caminara ya más; no como una estatua estúpida e inútil, sino destinada para preparar e incitar a quien es capaz de ver espiritualmente.

Capítulo XV: Los actos voluntarios

   Pecado, infortunio e injusticia

62.1. El acto voluntario, por el contrario, está relacionado con el deseo, la libre elección o el pensamiento. Igualmente están íntimamente relacionados con ellos: el pecado, el infortunio y la injusticia (o: la iniquidad).

62.2. Y así se dice que es un pecado vivir en libertinaje (lit.: sensualidad) e impúdicamente; infortunio es golpear a un amigo como enemigo por ignorancia; y una injusticia es profanar un sepulcro o un templo.

62.3. El pecado (o: la falta) proviene de juzgar con ignorancia acerca de la manera necesaria de actuar o no actuar, como sucede cuando uno cae en un pozo, bien porque no sabe que existe, o bien porque no pudo evitarlo por incapacidad física.

62.4. No obstante, en nosotros está tanto el disponernos a ser educados como a obedecer los mandamientos.

El peligro de entregarse a las pasiones

63.1. Si no queremos participar de esa (conducta), pero nos entregamos a la ira y cedemos ante las pasiones, pecaremos; o mejor, cometeremos una injusticia contra nuestra propia alma.

63.2. El famoso Layo dice en la tragedia: “No se me oculta nada de eso que tú me reprendes, pero, aun teniendo consciencia, la naturaleza me hace violencia” (Eurípides, Crisipo, fragmento 840). Esto significa que se entrega a la pasión.

63.3. Por su parte, Medea grita en la escena: “Comprendo los males que voy a cometer; pero la pasión es más fuerte que mis decisiones” (Eurípides, Medea, 1078).

63.4. Tampoco Áyax (o: Ayante) guarda silencio, sino que, estando para suicidarse, grita -es que ninguna pena carcome tanto el alma de un hombre libre como el deshonor-: “Así sufría, y me atormentaba desde lo íntimo la profunda enfermedad, desesperándome con amargos impulsos de furor” (Anónimo, Fragmento, 110).

El infortunio

64.1. La ira hace trágicos a esos hombres; a otros muchos la concupiscencia (o: el deseo; la pasión), como a Fedra, Antea, Erifila “que aceptó oro a cambio de su querido marido” (Homero, Odisea, XI,327).

64.2. También el célebre comediante Trasónida dice en otra escena: “Una vil joven esclava me ha hecho esclavo” (Menandro, Fragmentos, 338).

64.3. Infortunio es un pecado irracional, el pecado involuntario es una injusticia, y la injusticia voluntaria es maldad. Por tanto el infortunio es un acto involuntario mío(1).

64.4. Por eso también se dice: “El pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque no están bajo la Ley, sino bajo la gracia” (Rm 6,14), esto se dice respecto a los que ya han creído, “porque hemos sido curados por sus llagas” (Is 53,5).

64.5. Infortunio también es una acción involuntaria de otro contra mí; pero sólo la injusticia, mía o ajena, debe ser interpretada (lit.: aparece) como voluntaria.

Dios quiere la salvación del género humano

65.1. El salmista se refiere concretamente a esa diferencia de los pecados, cuando llama bienaventurados a los que Dios perdonó las iniquidades y encubrió los pecados; unas no las imputó, y perdonó las restantes.

65.2. «En efecto, está escrito: “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades fueron perdonadas y cubiertos los pecados. Feliz el hombre a quien no impute el Señor el pecado, y no hay engaño en su boca” (Sal 31 [32],1-2). Esta bienaventuranza fue concedida a los elegidos por Dios a través de Jesucristo, nuestro Señor» (Clemente de Roma, Carta primera a los Corintios, 50,6-7).

65.3. “El amor cubre la multitud de los pecados” (1 P 4,8). Y los borra aquel “que prefiere el arrepentimiento del pecador a su muerte” (Ez 18,23. 32: no es una cita textual).

Un solo Dios bueno

66.1. Lo que no se realiza por libre decisión no es imputable; porque dice: “Quien ha deseado ha cometido ya adulterio” (Mt 5,28: cita no textual).

66.2. El Verbo que ilumina (cf. Jn 1,9) perdona los pecados. “Y en ese tiempo, dice el Señor, buscarán la injusticia de Israel, y no existirá, y los pecados de Judá y no los encontrarán” (Jr 50,20; LXX: 27,20); “porque ¿quién como yo? ¿Y quién me podrá hacer frente?” (Jr 50,44; LXX: 27,44).

66.3. Mira que es anunciado un solo Dios bueno, que retribuye conforme a los méritos y perdona los pecados.

66.4. También Juan en la Epístola más larga enseña con claridad la diferencia entre los pecados de la siguiente manera: “Si alguno ve a su hermano cometer un pecado que no lleva a la muerte, ore y le dará vida; a los que cometan pecados que no son de muerte”, dijo:

66.5. “Porque hay un pecado de muerte, y no es éste por el que digo yo que se rece. Toda injusticia es pecado, pero hay un pecado que no es de muerte” (1 Jn 5,16-17).

Interpretación del Salmo primero

67.1. Pero también David y, antes que David, Moisés dan a conocer la gnosis de los tres principios con estas (palabras): “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos” (Sal 1,1), igual que los peces van a oscuras hasta la profundidad; es decir, los que no tienen escamas, que Moisés prohíbe tocar (cf. Lv 11,10. 12; Dt 14,10), pastan en el fondo del mar.

67.2. “Ni se detiene en camino de pecadores” (Sal 1,1), como quienes parecen temer al Señor, pero pecan como el cerdo, que hambriento gruñe, pero saciado no reconoce más a su dueño (cf. Seudo Bernabé, Epístola, 10,3). 

67.3. “Tampoco se sienta en la cátedra de la pestilencia” (Sal 1,1), al igual que las aves de rapiña. En cambio, Moisés recomendó: “No coman cerdo, ni águila, ni buitre, ni cuervo, ni pez alguno que no tenga escamas sobre él” (Lv 11,7. 13. 15; Dt 14,8. 10. 12). Eso [dice] Bernabé (cf. Seudo Bernabé, Epístola, 10,1).

67.4. Además yo he oído de un hombre sabio lo siguiente: “El consejo de los impíos designa a los paganos, “camino de pecadores” a la creencia judía, y “la cátedra de la pestilencia” la interpretaba (como) las herejías.

Interpretación del Salmo primero (continuación)

68.1. Algún otro afirmó más exactamente que la primera bienaventuranza se refiere a la de aquellos que no siguen las opiniones perversas, que se alejan (lit.: apostatan) de Dios; la segunda, a los que no se detienen en el camino ancho y espacioso (cf. Mt 7,13; Lc 13,24), bien porque fueron educados en la Ley, o también porque se convirtieron del paganismo. “La cátedra de la pestilencia indicaría los teatros y los tribunales, o mejor, la adhesión a los poderes malvados y dañinos, y la participación en sus obras.

68.2. “Pero su voluntad está en la ley del Señor” (Sal 1,2). Pedro en su “Predicación” llamó al Señor “ley y logos” (Kerigma Petri, fragmento 1: obra apócrifa atribuida al apóstol Pedro).

68.3. También parece que el legislador enseña de otro modo cómo se evitan tres clases de pecados: los de la palabra, por los peces mudos, porque es mejor permanecer en el silencio que en la palabra: “Hay también un premio sin peligro para el silencio” (Simónides de Quíos, Fragmentos, 66). Los pecados cometidos mediante la acción (son figurados) por las aves rapaces y carnívoras... (laguna en el texto). El cerdo “se goza en el fango” (Heráclito, Fragmentos, 13) y en el estiércol; y es necesario no tener “la conciencia manchada” (1 Co 8,7).

Interpretación del Salmo primero (conclusión). Los verdaderos y los falsos pastores

69.1. Con razón dice el profeta: “No así los impíos, sino que son como paja que arrebata el viento de la faz de la tierra. Por eso no se levantarán los impíos en el juicio” (Sal 1,4-5) -ellos ya están condenados, porque “quien no cree está ya juzgado” (Jn 3,18)-, “ni los pecadores en el consejo de los justos -ellos ya han sido condenados por no unirse a quienes han vivido sin faltas-, porque el Señor conoce el camino de los justos, y el camino de los impíos será destruido” (Sal 1,5-6).

69.2. De nuevo el Señor revela abiertamente que nuestros errores y fallos dependen de nosotros, al sugerir los modos correspondientes de curar las pasiones, y quiere que seamos corregidos por los pastores, acusando por boca de Ezequiel a algunos de ellos, me parece a mí, porque no observaron los mandamientos:

69.3. “No confortaron al débil”, y lo que sigue hasta: “No había nadie que lo buscase y lo hiciera volver” (Ez 34,4-6). “Porque la alegría del Padre es grande cuando un sólo pecador se salva” (Lc 15,7. 10; la cita no es textual) dice el Señor.

69.4. ¡Cuánto más es de alabar Abrahán, que “procedió conforme le había dicho el Señor” (Gn 12,4).

“Viendo a tu hermano ves a Dios”

70.1. Sacándolo de ahí, uno de los sabios griegos expresó la sentencia: “Sigue a Dios” (Diogeniano, Paroemiae, III,31). Isaías dice: “Los piadosos deliberaron con sabiduría” (Is 32,8).

70.2. La deliberación es buscar cómo comportarnos con rectitud en las presentes circunstancias; (y) buena deliberación (es) la prudencia en las decisiones.

70. 3. ¿Pero qué? ¿Acaso Dios, después del perdón de Caín, no recibe seguidamente a Enoc (cf. Gn 4,15; 5,24), que poco después se arrepentiría, para indicar que el perdón engendra naturalmente la conversión? El perdón no se entiende de la remisión, sino de la curación. Lo mismo sucede también respecto a la construcción del becerro por parte del pueblo bajo (el mandato de) Aarón (cf. Ex 32,1 ss.).

70.4. De ahí (dedujo) uno de los sabios griegos (la sentencia): “El perdón es mejor que el castigo” (Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos, I,76); como sin duda el dicho: “Sal fiador y te arruinarás” (Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos, I,73; IX,71) deriva de la frase de Salomón que dice: “Hijo, si sales fiador de tu amigo, entregarás tu mano al enemigo; porque son una trampa fuerte para el hombre sus propios labios, y es prisionero de las palabras de su propia boca” (Pr 6,1-2).

70.5. Más misterioso es el “conócete a ti mismo” (cf. I,60,3), porque deriva de este versículo: “Viendo a tu hermano, ves a tu Dios” (cf. I,19,94).

El amor del Señor

71.1. Así, por tanto, “amarás al Señor tu Dios con todo el corazón y tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22,37. 39); con ello dice que de estos mandamientos dependen y están estrechamente unidos toda la ley y los profetas.

71.2. Concuerda con esto aquello otro: “Les digo esto para que mi alegría sea completa. Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los amé” (Jn 15,11-12).

71.3. “El Señor es clemente y compasivo” (Sal 110 [111],4), y “el Señor es bueno para con todos” (Sal 144 [145],9). Aconsejando de modo más claro el “conócete a ti mismo”, Moisés dice con frecuencia: “Atiende a ti mismo” (Gn 24,6; Ex 10,28; Dt 4,9).

71.4. “Con limosnas y obras de fe se purifican los pecados; pero con el temor del Señor todo hombre se aparta del mal” (Pr 16,6). “El temor del Señor es educación y sabiduría” (Pr 15,33; Si 1,27).
 (1) Otra traducción: “El pecado (o: la falta) es una injusticia involuntaria; injusticia es una maldad voluntaria. Es, por tanto, el pecado (o: la falta) una cosa mía involuntaria”.