INICIACIÓN A LA LECTURA DE LAS OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (46)

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San Ambrosio celebrando la Eucaristía
Siglo XII?
Basílica de San Ambrosio
Milán, Italia
Ambrosio de Milán (+ 397) [tercera parte]

3. Obras morales y ascéticas

a. Sobre los deberes de los ministros (De officiis ministrorum)

En esta obra Ambrosio imita una de Cicerón, de ideología estoica, titulada de la misma manera (De officiis). Aunque está dedicada principalmente al clero da también normas para todos los fieles, y trata de mostrar la excelencia de la moral cristiana con ejemplos sacados de la Escritura, y con diáfana orientación escatológica. Es probable que sea producto de una serie de prédicas al clero milanés. La imitación del escrito homónimo de Cicerón es palpable no sólo en el título y el número de libros, sino también en la intención y estructura general de la obra, así como en muchos detalles particulares e incluso en la misma expresión. A diferencia de la obra ciceroniana, en el escrito ambrosiano cambia el fin mismo al que debe enderezarse la acción del hombre, pues la felicidad eterna en Dios sustituye al ideal de la virtud estoica, y a la luz de esta perspectiva también los deberes cotidianos se tiñen de una fisonomía y consistencia diferente; así se destaca que las cosas terrenas están ordenadas al beneficio del alma, presupuesto éste que debe informar la conducta de todo verdadero cristiano. Fue terminada en 388 o 389.

b. Sobre las vírgenes (De virginibus)

De las cinco obras ambrosianas consagradas a la virginidad, esta es una de las primeras, dedicada, en forma de carta, a su hermana Marcelina. Es posible que el origen del material sea de carácter homilético. Se inspira con bastante amplitud en el Comentario de Orígenes al Cantar de los Cantares, y presenta modelos de virginidad en las personas de María Virgen, Juan Bautista y santa Inés. Tanto en esta obra como en las demás dedicadas al tema, son evidentes el buen sentido y el tono moderado de Ambrosio, en el que  a diferencia de Jerónimo, por ejemplo  la exaltación tradicional de la virginidad en cuanto virtud típicamente cristiana y coronamiento del ideal de perfección no implica, como contrapartida, la denigración del matrimonio y de la vida conyugal. Data de fines de 377. Hay trad. castellana de Francisco Medina en San Ambrosio de Milán. Sobre las vírgenes y la virginidad, Madrid, 1956, pp. 19-161. También de F. de B. Vizmanos en Las vírgenes cristianas de la Iglesia primitiva, Madrid, 1949, pp. 669-720 (BAC 45).

c. Sobre las viudas (De viduis)

Exhortación a la viudez que, a diferencia de otras opiniones anteriores o contemporáneas de Ambrosio, no argumenta a partir de una proscripción de las segundas nupcias. Fue publicado entre 377 y 378, poco después del De virginibus.

d. Sobre la virginidad (De virginitate)

En esta obra Ambrosio echa mano de algunas homilías suyas y sale en defensa de lo que había escrito en el De virginibus, además de elogiar la excelencia de la virginidad frente a las madres doloridas o los futuros cónyuges que veían defraudadas sus expectativas ante la opción de vida célibe de las jóvenes; también sale al paso de los reparos contra el ideal de la virginidad, basados en las presuntas consecuencias demográficas negativas y su influencia sobre el Estado y la sociedad. Puede fecharse hacia 377. Hay trad. castellana de Francisco Medina en op. cit., pp. 165-273.

e. Sobre la formación de las vírgenes y la virginidad perpetua de Santa María (De institutione virginis et S. Mariae virginitate perpetua ad Eusebium)

Exhortación a la virginidad en ocasión de la velatio de la joven Ambrosia. Al exaltar el modelo de María, Ambrosio se opone al error de Bonoso de Sárdica acerca de la virginidad de María después del parto. Fue compuesta en 392. Hay trad. castellana de F. de B. Vizmanos en op. cit., pp. 721-754.

f. Exhortación a la virginidad (Exhortatio virginitatis)

Homilía pronunciada por Ambrosio en Florencia en 394 (también se proponen otras fechas) con ocasión de la dedicación de una basílica erigida gracias a la generosidad de una viuda de la ciudad, que consagraba sus tres hijas vírgenes al Señor.


4. Discursos, cartas e himnos

Las obras pertenecientes a este grupo son testigos privilegiados de la influencia de Ambrosio en la vida social y política de su tiempo.

a. Sobre la muerte de su hermano Sátiro (De excessu fratris Satyri)

Obra compuesta en 378, que comprende dos libros. El primero recoge la oración fúnebre pronunciada por Ambrosio en el funeral de su hermano Sátiro; el segundo, intitulado De fide resurrectionis, es la homilía pronunciada siete días más tarde ante el sepulcro con clara intención consolatoria. Propone la realidad cristiana de la muerte contemplada desde un punto de vista predominantemente pastoral.

b. Oración fúnebre por Valentiniano (De obitu Valentiniani)

Fue pronunciada por Ambrosio en 392 al llegar a Milán los restos del emperador Valentiniano.

c. Oración fúnebre por Teodosio (De obitu Theodosii)

A los cuarenta días de la muerte de Teodosio (25 de febrero de 395), Ambrosio pronunció la oración fúnebre en su honor en presencia de su sucesor Honorio. Recuerda la figura del emperador difunto con quien había tenido una especial relación (incidente de Tesalónica). No deja de ser llamativa la influencia de Orígenes en este texto.

Conviene aclarar que, por su dependencia de los griegos, Ambrosio tiene en esta obra una posición más platónica que cristiana en su concepción del hombre: dualismo de alma y cuerpo, con marcado menosprecio del cuerpo y preocupación exclusiva por la salvación del alma Hay trad. castellana parcial en E. Thomas, La Literatura Cristiana, Paris (sin fecha de publicación), pp. 167-170.

d. Sermón contra Auxencio (Sermo contra Auxentium de basilicis tradendis)

Discurso pronunciado en el domingo de Ramos de 386, donde Ambrosio explica al pueblo milanés sus razones para no acceder al pedido de Valentiniano II de entregar a los arrianos, quienes estaban apoyados por la emperatriz Justina, una basílica para la celebración de la Pascua. Este sermón es importante por la noticia que nos da sobre la difusión en el pueblo de los himnos ambrosianos. El Auxencio del cual se habla es el homónimo del obispo arriano con el que Hilario tuvo que enfrentarse, un discípulo de Wulfila que los arrianos habían elegido como sucesor de Auxencio I en oposición de Ambrosio.

e. Cartas (Epistulae 91)

El epistolario ambrosiano que ha llegado a nosotros consta de noventa y una cartas y es una de las principales fuentes para conocer a su autor y la multiforme actividad política y religiosa que desarrolló en su tiempo. Están dirigidas a todo tipo de público, entre ellos hombres de estado, obispos colegas y emperadores (un sucinto comentario a las cartas más importantes puede verse en M. G. Mara, op. cit., pp. 204-205). Tratan de diversos temas: relaciones entre la Iglesia y el Imperio, la controversia arriana, política antijudía, actitud antipagana de Ambrosio, vida de la Iglesia; hay también cartas personales, etc. Tanto los discursos ambrosianos como sus cartas presentan elaboraciones muy cuidadas, según las normas del género en cuestión, con abundante despliegue de artificios que aparecen poco en otras obras del mismo autor. La evidente sinceridad de Ambrosio aminora el efecto de todo lo artificioso que pueda encontrarse en su elocuencia.

f. Himnos (Hymni)

Los himnos ambrosianos hacen su aparición en una circunstancia histórica concreta, oportunamente elegida por su autor: el conflicto con los arrianos motivado por la ocupación de una basílica de la ciudad, cuando el pueblo milanés se reunió en la iglesia para apoyar al Obispo en la resistencia a los herejes y a la fuerza pública, hecho ocurrido en 385 386. La innovación tuvo un éxito inesperado y, como atestigua el mismo Ambrosio, pronto surgieron otros himnos en imitación de los compuestos por él; esta corriente continuó floreciendo en los siglos sucesivos y a través de toda la Edad Media, tomando los primeros himnos como modelo de un verdadero y propio género literario. A diferencia de los himnos densamente teológicos de Hilario de Poitiers, los ambrosianos tuvieron resonancia en la liturgia latina gracias a su sencillez, facilidad de memorización y melodía cautivante.

Se le atribuyen numerosos himnos (hasta dieciocho). Agustín da testimonio al menos de cuatro de ellos: Aeterne rerum conditor, Deus creator omnium, Iam surgit hora tertia; Intende qui regis Israel (ver Agustín, Retract. I,21; Conf. XI,12; De nat. gr. 63; Serm. 372). Es probable que también sea auténtico el himno titulado Grates tibi, Iesu, novas que celebra el descubrimiento de los cuerpos de los mártires Gervasio y Protasio, ocurrido cuando la tensión con los arrianos estaba en su clímax, suceso que Ambrosio supo emplear acertadamente en su propio beneficio. Otros himnos que presentan una notable afinidad de lenguaje y sobre todo de criterios de composición son los titulados Splendor paternae gloriae y Aeterna Christi munera.

Actualmente algunos himnos ambrosianos se utilizan en el rezo de la Liturgia de las Horas, entre ellos Aeterne rerum conditor, Deus creator omnium y Iam surgit hora tertia; y también suelen usarse otros, tales como: Splendor paternae gloriae y Aeterna Christi munera.

Primera lectura:

Los Sacramentos, libro II:

VI.-(16). Ahora veamos qué es lo que llamamos Bautismo. Viniste a la fuente; descendiste a ella; prestaste atención al sumo sacerdote, al levita; viste al presbítero junto a la fuente. ¿Qué es el Bautismo?

 (17). En el principio, Dios Nuestro Señor creó al hombre de tal manera que, si no gustaba del pecado, no se perdiera por la muerte. Pero él contrajo el pecado, se hizo súbdito de la muerte, fue expulsado del paraíso (cfr. Gn 3, 17-23). Pero el Señor, que quiere que sus beneficios permanezcan, que los planes insidiosos de la serpiente sean disueltos y que sea eliminado al mismo tiempo todo aquello que resultó dañado, dictó una sentencia contra los hombres: "Tierra eres, y a la tierra has de volver" (Gn 3, 19), e hizo al hombre sujeto de la muerte. Era una sentencia divina que la condición humana no podía abrogar. Le fue dado el remedio: el hombre moriría y resucitaría. ¿Por qué? Para que aquello que antes había servido de perjuicio, sirviese ahora de beneficio. ¿Qué es eso, pues, sino la muerte? ¿Me preguntas cómo? Porque la muerte señala el fin del pecado. Porque, cuando morimos, dejamos también de pecar (cfr. Rm 6, 7). Luego la sentencia hubiera podido parecer satisfactoria, porque el hombre, que fue hecho para vivir, con tal de no pecar, empezaba a morir. Pero para que la perpetua gracia de Dios durara para siempre, si bien murió el hombre, Cristo halló la resurrección; esto es: quiso reintegrar el beneficio que fue perdido por el engaño de la serpiente. Luego ambas cosas son para nuestro bien, porque la muerte es el fin de los pecados y la resurrección es la renovación de la naturaleza.

 (18). Y para que de ningún modo prevaleciesen en este siglo los engaños e insidias del diablo, fue instituido el Bautismo. Acerca del cual oye lo que dice la Escritura, más aún, el mismo Hijo de Dios: Los fariseos, que no quisieron bautizarse con el bautismo de Juan, despreciaron el consejo de Dios (cfr. Lc 7, 30). Luego el Bautismo es el consejo de Dios. Y ¡cuánta gracia hay donde está el consejo de Dios!

 (19). Presta atención, pues para que también en este siglo fuese disuelto el lazo del diablo, fue instituído un rito por el que el hombre muriera siendo vivo y resucitara también siendo vivo. ¿Qué quiere decir “vivo”? Quiere decir: vivo corporalmente en el momento de acercarse a la fuente y de sumergirse en ella. ¿Qué es el agua sino algo que viene de la tierra? Luego el hombre cumple la sentencia sin sufrir los vínculos de la muerte. Gracias a la inmersión en agua, se borra aquella sentencia: Tierra eres y a la tierra has de volver. Una vez cumplida la sentencia, hay lugar para el beneficio y el remedio celestial. Resumiendo: el agua viene de la tierra y, por otro lado, nuestras condiciones de vida no admitían que fuéramos cubiertos de tierra y resurgiéramos de ella. Además, la tierra no puede limpiar, mientras el agua sí. Así pues, la fuente bautismal es como una sepultura.

 VII.-(20). Te preguntaron: ¿CREES EN DIOS PADRE TODOPODEROSO? Dijiste: CREO, y fuiste sumergido, esto es, fuiste sepultado. De nuevo te preguntaron: ¿CREES EN NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Y EN SU CRUZ? Dijiste: CREO, y otra vez fuiste sumergido. Esta vez has sido sepultado con Cristo, y el que es sepultado con Cristo, con Cristo resucita. Por tercera vez te preguntaron: ¿CREES EN EL ESPÍRITU SANTO? Dijiste: CREO, y por tercera vez fuiste sumergido, para que así la triple confesión te absolviera del múltiple lazo de la vida pasada.

 (21). Finalmente, por poner un último ejemplo, el santo apóstol Pedro, después de haber caído cuando la pasión del Señor a causa de la debilidad de la condición humana, él, que antes había negado, fue interrogado tres veces por Cristo sobre su amor a Cristo, para que aboliera y redimiera aquella caída. A lo que él respondió: "Señor, Tú sabes que te amo" (Jn 21, 17). Lo dijo tres veces para que también otras tres veces fuera absuelto.

 (22). Así pues el Padre perdona los pecados, así también los perdona el Hijo, así también el Espíritu Santo. En un solo nombre somos bautizados, esto es, "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28, 19). No os asombréis porque he dicho un solo nombre allí donde hay una sola sustancia, una sola divinidad, una sola majestad. Este es el nombre del cual se dijo: En ese nombre conviene que todos sean salvos (cfr. Hch 4, 12). En este nombre todos sois salvos, devueltos a la gracia de la vida.

 (23). Proclama el Apóstol, lo habéis oído en la lectura de hoy, que "cualquiera que se bautiza, se bautiza en la muerte de Jesús" (Rm 6, 3). ¿Qué quiere decir “en la muerte”? Que del mismo modo que Jesucristo murió, así tú también gustes de la muerte; que del mismo modo que Jesucristo murió al pecado y vive para Dios, así tú también mueras a las antiguas seducciones del pecado por el sacramento del bautismo y resucites por la gracia de Cristo. Luego aquí hay una muerte, pero no en la verdad de una muerte física, sino en la semejanza. Pues cuando eres sumergido, recibes la semejanza de la muerte y de la sepultura; recibes el sacramento de la Cruz, porque Cristo estuvo pendiente de la Cruz y su cuerpo fue crucificado con clavos. Luego tú eres crucificado con Él, te adhieres a Cristo, te adhieres a los clavos de Nuestro Señor Jesucristo para que el diablo no te pueda arrancar de allí. Que los clavos de Cristo te tengan atado cuando la debilidad de la condición humana te quiere alejar.

 (24). Así es que has sido sumergido; te presentaste al sacerdote. ¿Qué te dijo? Dijo: “DIOS, PADRE OMNIPOTENTE, QUE TE REGENERO POR EL AGUA Y EL Espíritu Y TE PERDONO TUS PECADOS, ÉL MISMO TE UNGE PARA LA VIDA ETERNA.” Ten en cuenta para qué fuiste ungido: para la vida eterna, dijo. No prefieras la vida de este siglo a esa otra eterna. Por ejemplo, si se levanta algún enemigo que quiera quitarte tu fe; Si pronuncian amenazas de muerte para que alguno prevarique; considera qué vas a elegir. No elijas sino aquello para lo cual has sido ungido para que prefieras la vida eterna a la temporal.