OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (887)

La resurrección de Lázaro
Hacia 1385-1390
Misal
Milán, Italia
Orígenes: Homilías sobre el libro del profeta Ezequiel
Homilía XIV
Los sacerdotes de la Primera Alianza comían el pan a solas en el santuario. También Jesucristo, nuestro Salvador, come el pan cotidiano de su exclusiva relación con el Padre apartado de todos. Pero también nos invita a participar del pan que Él ofrece, de modo que podamos cenar con Él (§ 3.1-2).
El pan que se come dentro del santuario
3.1. Pero para probar lo que hemos dicho, aquellos que leen el Levítico y “hayan quitado de su corazón el velo” (cf. 2 Co 3,16), podrán conocer el misterio de los sacerdotes. Allí se habla, en efecto, de los sacrificios y de los alimentos que solo los sacerdotes pueden comer. Hay ciertos alimentos sacerdotales, que el sacerdote no come en su casa ni con sus hijos, aunque sean sacerdotes, ni con su esposa, aunque legítimamente esté casado con ella, sino que los come en el lugar santo y allí come también el alimento, en el santo de los santos (cf. Lv 6,19 [26]).
“El pan cotidiano”
3.2. ¿Cómo es que el sacerdote no come el alimento en su casa ni en ningún otro lugar, sino en el santo de los santos? Así también mi Salvador come solo el pan, porque nadie pueda comerlo con Él. Pero hay un cierto lugar donde come e incluso me atrae a nutrirme con Él. Porque, en verdad, dice: “Yo estoy de pie y golpeo; y si alguno me abre, entraré y cenaré con él, y él conmigo” (Ap 3,20). De esto se deduce que también otra persona puede cenar con Él. Además, hay un tipo de alimento con el que únicamente Él puede alimentarse. Pues su naturaleza, exaltada por encima de toda condición y apartada de todos, lo hace capaz de comer “el pan cotidiano” (Mt 6,11) de la naturaleza del Padre.
En la conclusión de su homilía, Orígenes nos invita a participar del “pan vivo”, para poder así caminar confiados en esta vida, con la sincera aspiración de poder gozar de la vida celestial (§ 3.3).
“El pan vivo”
3.3. Cada uno de nosotros pide el pan cotidiano y, al pedir el pan cotidiano, no recibe el mismo pan ni en la misma medida; sin embargo, en las oraciones puras y con conciencia limpia, en las obras de justicia, comemos el pan cotidiano; pero si alguien es menos puro, de otro modo consume su pan cotidiano. Sin embargo, el Señor, que es juez de todos (cf. Hb 12,23), nos da el pan vivo (cf. Jn 6,51), para que, alimentados por él y fortalecidos, podamos emprender el camino hacia el cielo, glorificando a Dios omnipotente por medio de Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el poder por los siglos de los siglos. ¡Amén! (cf. 1 P 4,11).
