OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA

Bautismo de Jesucristo
Hacia 1100-1125
Biblia
Constantinopla (?)
Orígenes: Homilías sobre el libro del profeta Ezequiel
Homilía XI
Se plantea una pregunta: ¿cómo interpretar el simbolismo del águila, aplicado a los soberanos de Babilonia y Egipto? Si esta ave es impura, no debemos aplicarla a las situaciones de nuestra vida de fe (§ 3.1).
Águilas
3.1. Pero ahora debemos tomar unos pocos temas y, casi como un instrumento, preparar el camino para una futura interpretación, según lo que la gracia de Dios nos conceda, sabiendo que en lo que sigue lo explicaremos más plenamente. Y primero, en efecto, hay que ver por qué se dice que Nabucodonosor y Faraón son águilas. Tal vez alguien pregunte, que no lee la Escritura de forma ociosa y ocasional: si Nabucodonosor es un águila grande y de alas enormes, y este Faraón otra águila grande, igualmente de alas inmensas, y en la Ley se pone el águila entre los animales impuros (cf. Lv 11,13), ¿por qué también el justo, enriquecido, se prepara alas de águila para poder volver a la casa de su señor[1] (cf. Pr 23,4-5)? ¿Y por qué también hay una promesa en el profeta Isaías que dice: “Los justos recibirán alas como las águilas, correrán y no se fatigarán, caminarán y no tendrán hambre” (cf. Is 40,31 LXX)? Pues si el águila es impura, no debemos recibir alas como de águila cuando seamos justos, ni debemos prepararnos alas de águila para nosotros mismos si aumentan nuestras riquezas.
Orígenes recurre la comparación con algunos animales para aclarar el sentido de la parábola de las águilas. Y presenta la doble interpretación que puede hacerse de los nombres de animales que aparecen en las Sagradas Escrituras (§ 3.2).
Los nombres de los animales
3.2. A esto, primero se debe responder que ciertos nombres de animales en la Escritura se usan en ambos sentidos, es decir, malo y bueno; por ejemplo, el león, que es interpretado tanto positiva como negativamente. De modo positivo: “Un cachorro de león es Judá; de un brote, hijo mío, has nacido; acostado dormiste como un león y como un cachorro de león; ¿quién lo despertará?” (Gn 49,9). En cambio, negativamente: “Nuestro adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quién devorar; debemos resistirle, firmes en la fe” (cf. 1 P 5,8-9). Pero también el maligno, queriendo derribarnos, “tiende insidias en secreto, como un león en su cueva; acecha para atrapar al pobre” (cf. Sal 9,30). Entonces puesto que se le llama “león” tanto en el aspecto bueno como en el malo, no es incongruente que también “águila” se use en ambos sentidos. Y, como sospecho, el justo no es un águila, sino más bien como un águila, porque imita al águila. Y del mismo modo que la serpiente de bronce (cf. Nm 21,8 ss.) fue un símbolo del Salvador -porque no era realmente una serpiente, sino que imitaba a la serpiente, según la palabra del Señor: “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe ser levantado el Hijo del hombre” (Jn 3,14)-, de la misma manera, un justo no es tanto un águila, cuanto que es similar a un águila, porque le es útil seguir la imagen del águila. Según este sentido, también en otro lugar, el justo recibe la orden de ser prudente[2] como una serpiente (cf. Mt 10,16), no de convertirse en una serpiente, cuanto evitar ser tomado por la astucia de la serpiente verdadera.
El retorno de la entera creación a su estado original es un tema muy caro al Alejandrino. Este es un tópico no exento de dificultades en su interpretación. Con la debida prudencia, lo ha tratado ya en la homilía precedente. En el texto presente aparece principalmente en relación con el desarrollo sobre el valor de las imágenes de los animales (§ 3.3).
La vuelta al estado creacional
3.3. Pero si el Verbo de Dios, que examina cuidadosamente las Escrituras, y el Espíritu, sobre el cual está escrito: “El Espíritu escruta todas las cosas, incluso las profundidades de Dios” (1 Co 10,16), llega al alma de alguien, mostrará muy claramente por las Escrituras como el águila y el león están colocados en la parte de los animales puros: “Los querubines de Dios tienen rostro de hombre y rostro de león, a la derecha de las cuatro partes, rostro de buey y rostro de águila a la izquierda de las cuatro partes” (cf. Ez 10,14; 1,10); y lo que se ve en los querubines, es decir, el águila y el león, son puros; en efecto, nada impuro hay en la carroza de Dios. Y como tú, convirtiéndote de los gentiles, te has purificado, y lo que Dios ha purificado no debes llamarlo inmundo, según se dice de todos los animales que descendiendo del cielo le fueron mostrados a Pedro (cf. Hch 10,11 ss.), así fueron purificados el león y el águila, que aparecieron en los querubines. Además, la profecía que predice lo que sucederá en la venida de Cristo, reconoce puro al león y al águila, que incluso es considerada impura en la Escrituras (cf. Lv 11,13). En efecto, “el lobo y el cordero pastarán juntos” (Is 11,6); y el lobo, que pacía inocentemente con la oveja, ya no debe ser vigilado. No se me dice de tal lobo: “Mucho cuidado con aquellos que vienen a ustedes con vestidura de oveja, pero por dentro son lobos rapaces” (Mt 7,15). Habló diciendo: “Por dentro son lobos rapaces”; en cambio, hay otros que no lo son, cuando “lobos y corderos pastarán juntos, y el ternero, el toro, y el león comerán juntos (cf. Is 11,6). Y cuando haya una unión de naturalezas tan diferentes en la fe de Cristo, el león ya no será impuro, sino que olvidará su ferocidad y todas las bestias, que en la ley de Dios se dicen inmundas, recibirán la pureza de su antigua condición.
El doble simbolismo utilizado uno por el profeta Isaías, y el otro por Ezequiel, nos conducen a la contemplación del misterio (sacramentum) de la obra salvífica de Dios. El Señor con su obrar nos enriquece y nos permite ascender en la contemplación de sus grandes acciones en favor de género humano (§ 3.4).
Alas de águila
3.4. Pero esto ya ha ocurrido en parte y se cumplirá plenamente en la segunda venida. Por lo tanto, el misterio, que se mostró en los Querubines, anticipa la verdad del acontecimiento; y los rostros del león y el águila están tan íntimamente conectados con los otros rostros que lo que apareció en los querubines me parece mayor que el ternero, el toro y el león alimentándose juntos. Porque Isaías no promete que ninguno de estos animales, que él predijo, vayan a unirse y conectarse mutuamente. En los querubines, en cambio, cada animal está relacionado con otro: la cara de buey con la cara de león y el rostro del hombre con el rostro del águila (cf. Ez 1,10). Por consiguiente, no te sorprendas demasiado, cuando el Faraón y Nabucodonosor que lo precede son llamados águilas, se dice que los justos toman alas como las águilas (cf. Is 40,31), y quien se ha enriquecido de la parte de Dios, se prepara alas de águila (cf. Pr 23,4-5) para volar.
