DOMINGO 33º DURANTE EL AÑO. Ciclo "B"

La segunda venida de Cristo. Ícono contemporáneo.

 

Salmo 15 (16)

ORANDO [CON] EL SALMO RESPONSORIAL

«¿Acaso se hace una injuria al Hijo unigénito cuando se dice que nos ha sido donado para ser nuestra posesión futura? No hay duda que lo ha de ser. Si alguien te regalase hoy una finca frondosa y fértil donde te gustase habitar siempre por su frondosidad y donde te pudieses sustentar fácilmente por su fertilidad, ¿no aceptarías el regalo y se lo agradecerías a quien te la dio? Nosotros hemos de permanecer en Cristo. ¿Cómo no va a ser nuestra posesión él, en quien permaneceremos y de quien viviremos? Dígalo también la Escritura para no dejar la impresión de que, apoyándonos en nuestras conjeturas, hemos dicho algo contra la palabra de Dios. Escucha lo que le dice alguien que sabía que, si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? El Señor, dijo, es la porción de mi herencia. No dijo: “¡Oh Señor!, ¿qué me darás como herencia? Cualquier cosa que me des es poca cosa. Sé tú mi herencia; yo te amo, te amo todo entero: con todo mi corazón, con toda mi mente y con toda mi alma te amo. ¿Qué poseeré, si me das cualquier cosa fuera de ti?”. Esto es amar a Dios, y amarlo gratuitamente, esperar a Dios de manos de Dios, apresurarse a ser llenados de Dios y saciarse de él. Él, en efecto, es suficiente para ti; fuera de él, ninguna otra cosa lo es. Bien sabía esto Felipe cuando le decía: Señor, muéstranos al Padre, y nos basta. ¿Cuándo tendrá lugar lo que el Apóstol anuncia para el final: De forma que Dios sea todo en todos? El será para nosotros todo aquello que aquí deseamos fuera de él y por lo cual le ofendemos con frecuencia. Cuando Dios sea todo en todos, él será para nosotros todo. Pecas contra Dios para comer, para vestirte, para vivir, para recibir honores. ¿Cuándo acabaré de mencionar todo? No peques contra Dios por estas cosas. ¿Pecas contra Dios por el alimento? Dios será tu alimento eterno. ¿Por causa del vestido? Dios te ha de vestir de inmortalidad. ¿Por causa de los honores? Dios será tu honor. ¿Por el amor a la vida temporal? Dios será para ti vida eterna. No peques contra él por nada. Debes amarle gratuitamente, puesto que él puede saciarte en sustitución de todas las cosas» (Agustín de Hipona, Sermón 334,3).

 

¡REPITE, ASIMILA, VIVE LA PALABRA! REPITE UNA Y OTRA VEZ:

{inspirando}

¡Protégeme Dios mío!

{espirando}

¡en ti me refugio!

 

 

Leccionario: Salmo 15, 5 y 8. 9-10.11 (R:1)

Liturgia de las Horas: Salmo 15, 5 y 8. 9-10.11 (R:1)

[1. A media voz. De David]

 

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,

¡Tú decides mi suerte!

Tengo siempre presente al Señor:

Él está a mi lado, nunca vacilaré.

 

Por eso mi corazón se alegra,

se regocijan mis entrañas

 y todo mi ser descansa seguro:

porque no me entregarás a la muerte

ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.

 

Me harás conocer

el camino de la vida,

saciándome de gozo en tu presencia,

de felicidad eterna a tu derecha.

 

 

 El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;

mi suerte está en tu mano.

Tengo siempre presente al Señor,

 con él a mi derecha no vacilaré.

 

Por eso se me alegra el corazón,

se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena.

Porque no me entregarás a la muerte,

ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

 

 

Me enseñarás el sendero de la vida,

me saciarás de gozo en tu presencia,

de alegría perpetua a tu derecha.

 

 

«La oración es la vida del corazón nuevo. Debe animarnos en todo momento. Nosotros, sin embargo, olvidamos al que es nuestra Vida y nuestro Todo. Por eso, los Padres espirituales, en la tradición del Deuteronomio y de los profetas, insisten en la oración como un “recuerdo de Dios”, un frecuente despertar la “memoria del corazón”: “Es necesario acordarse de Dios más a menudo que de respirar”» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2697).

 

SUGERENCIAS PARA LA JACULATORIA:

¡Protégeme, Dios mío! // ¡porque me refugio en ti!

o:

¡Protégeme, Dios mío! // ¡en ti me refugio!

  

NOTAS EXÉGETICAS AL SERVICIO DE LA LECTURA ORANTE

(a) He aquí un salmo bellísimo con un texto en estado de conservación deplorable: como una escultura insigne roída por la intemperie. Menos mal que eso sucede solo hasta el verso 4a (L. Alonso Schökel).

Este salmo es una de las más exquisitas composiciones del salterio, con acentos místicos (P. Grelot).

Estamos en presencia de una oración embebida de profunda confianza y llena de símbolos sapienciales. Se presenta como una orante profesión de fe en Dios. Es un verdadero canto de confianza y de intimidad con el Señor. El compositor de este salmo es, muy probablemente, un levita adscrito al servicio del Templo. De sus labios brota uno de los más hermosos cantos de confianza y de paz que jamás se hayan escrito. No se limita a proclamarnos a toda voz su gozo y alegría; nos revela la fuente de la que todo esto brota. Le dice al Señor: “Tú eres mi bien” (v. 2). Ha apostado su vida toda por Dios, se ha jugado la vida por él: El Señor es el lote de mi herencia y mi cáliz, mi vida está en sus manos (v. 5). Ha aprendido una cosa fundamental: Tengo siempre presente al Señor (v. 8). No se entretiene en hacer el inventario de lo que otros poseen. Tampoco anda rumiando la lista de las cosas que le faltan. Está completamente satisfecho con aquello que el Señor le ha dado. No está dispuesto a dividir el propio corazón o a llenarlo de nimiedades. Rechaza todos los ídolos bajo todas sus formas, por fascinantes que parezcan (v. 4). La alegría y el gozo reflejados en el v. 9 es ofrecido a todos (se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena), siempre y cuando se sea capaz de decir con absoluta sinceridad: “Tú eres mi único bien...mi vida está en tus manos... tengo siempre presente al Señor”.

(b) Estupenda composición. El corazón poético y religioso del salmo se encuentra en la profesión de fe del v. 2: Señor, tú eres mi único bien. Palabras que parecen un anticipo de las de Teresa de Ávila: “¡Quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta!”. Animado por esta confianza el poeta osa lanzar un desafío al miedo supremo que atenaza al ser humano, el miedo a la muerte. Si por una parte percibe el inexorable fluir del tiempo hacia la fosa, por otra intuye que el Dios de la vida no puede permitir que su fiel se precipite en la nada o en la espectral morada de los muertos. Sus ojos deslumbrados algo alcanzan a vislumbrar: la posibilidad de una vida de alegría eterna en presencia -ante el rostro-, de Dios. Pedro en su discurso de Pentecostés (Hch 2,22-36) y Pablo en el de Antioquía de Pisidia (Hch 13,14-43) tomarán en sus labios las palabras de nuestro Salmo para hablar de la resurrección de Cristo (basado en Turoldo-Ravasi).

(c) Situando, nuestro poema, con mayor precisión dentro del Salterio -¡cual verdadero Libro que es!-, descubrimos que substancialmente, también en el caso de la serie de salmos que van del 14(15) al 23(24) tenemos ante nosotros géneros literarios diversos; si nos fijamos en el cuadro que reproducimos más abajo vemos que tenemos dos liturgias de ingreso, dos salmos de confianza, dos súplicas, dos salmos reales y un poema central que es nuestro salmo responsorial. Puede ayudar a entender esta disposición la imagen de un zigurat, es decir una pirámide a escalones, algo así como un podio para los vencedores que prosigue más allá del tercer puesto: una escala de un lado y del otro. Ascendamos el primer peldaño y allí encontramos el salmo 14, una liturgia de ingreso. Subamos a la segunda grada: Salmo 15, salmo de confianza; uno más: Salmo 16, súplica individual; otro peldaño: Salmo 17, salmo real de acción de gracias, solemne Te Deum de David. Subiendo uno más llegamos a la cúspide: Salmo 18, el centro. Al iniciar el descenso por la parte opuesta iremos tropezando, como en un espejo, con los mismos géneros literarios: Salmos 19-20, salmos/salmo real de acción de gracias; Salmo 21: súplica; Salmo 22: salmo de confianza; Salmo 23: otra liturgia de ingreso que cierra la serie. Esto equivale a descubrir que ya se suba por un costado o por el opuesto, encontraremos a uno espejado en el otro: dos escaleras iguales que conducen a la misma meta. Semejante compilación de ningún modo puede ser fruto de la casualidad; estamos ante una auténtica liturgia, un oficio a celebrar, con movimiento procesional incluido. Que la intención haya sido esta lo pone de relieve la presencia de los dos salmos, - uno al comienzo y el otro al final -, que, siendo liturgias de ingreso, acompañaban rituales litúrgicos de entrada al Templo. Nuestro salmo responsorial, poema de confianza, tiene su correspondiente en otro maravilloso salmo de gran confianza: El Señor es mi pastor...

(c 2) En este salmo de confianza, de profunda oración, un justo expresa la propia confianza, su fe en el Señor, pidiendo sabiduría: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti, yo digo al Señor: “Tú eres mi bien”. Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen: son figuras idolátricas. (...) El poema tiene ciertos acentos que evocan un canto de conversión, de alguien que se dice: Antes ponía mi confianza en los ídolos, pero ahora digo a Dios: Tú eres mi único bien: Multiplican las estatuas de dioses extraños; yo no derramaré sus libaciones con mis manos, ni tomaré sus nombres en mis labios. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano.

Como ya dijimos, es posible que estemos ante la oración de un levita. Los levitas eran la tribu encargada del servicio litúrgico que no participó en el reparto de la tierra prometida. Tierra que fue dividida en doce partes, pero dado que los descendientes de Aarón no participaron, quedaron once. Pero resulta que la tribu de José fue dividida en dos “medias tribus”, las de Efraín y Manasés, ya que era muy numerosa. Vemos, entonces, que el reparto fue efectivamente hecho entre doce, pero los levitas nada recibieron. ¿Por qué? Porque su herencia es el Señor. De tal división de la tierra surgió la norma del diezmo para el Templo, como compensación para la tribu sacerdotal: me ha tocado [en suerte] un lote hermoso, me encanta mi heredad: ¡el lote que me ha tocado en suerte, mi herencia, es el Señor en persona!

(a) 14(15)

Liturgia de ingreso

(b) 15(16)

Salmo de confianza individual

(c) 16(17)

Súplica individual

(d) 17(18)

Salmo real de acción de gracias

(E) 18(19)

Centro = Himno de la Luz del sol y de la luz de la Torá

(d’) 19(20)-20(21)

Salmos reales de acción de gracias

(c’) 21(22)

Súplica individual

(b’) 22(23)

Salmo de confianza individual

(a’) 23(24)

Liturgia de ingreso

 

(d) Citas o alusiones a nuestro salmo en el Nuevo Testamento:

15,8-11 Hch 2,25-28. 31

15,8 Jn 8,16 y 29

15,9 Hb 4,10

15,10 Hch 13,35-37

15,11 Hb 10,20

El Mesías no conoció la corrupción

No estoy solo..., el Padre está conmigo...

Aquel que entró en su descanso

No dejarás que tu Santo vea la corrupción

Cristo nos ha mostrado un camino nuevo

  

LA PALABRA EXPLICA LA PALABRA

Nota: Numerosos textos bíblicos son citados, a modo de referencia, tanto en los textos que anteceden esta sección como en los que siguen. Consultándolos podrá completar el polifacético eco bíblico suscitado por nuestro poema.

Números 3,11-13: El Señor dijo a Moisés: Entre todos los israelitas, en lugar de los primogénitos -de aquellos que abren el seno materno- yo elijo a los descendientes de Leví. Los levitas me pertenecen, porque todo primogénito me pertenece. Cuando exterminé a todos los primogénitos de Egipto, consagré para mí a todos los primogénitos de Israel, hombres y animales, a fin de que fueran míos. Yo soy el Señor.

Números 18,20-21: Y el Señor dijo a Aarón: Tú no recibirás una herencia en el territorio de los israelitas ni tendrás una parte entre ellos: yo soy tu parte y tu herencia. Yo doy como herencia a los levitas todos los diezmos de Israel, a cambio de los servicios que prestan en la Carpa del Encuentro.

Deuteronomio 10,8-9: el Señor puso aparte a la tribu de Leví para que transportaba al Arca de la Alianza del Señor, para que estuviera en su presencia y lo sirviera, y para que bendijera en su Nombre, como lo ha venido haciendo hasta ahora. Por eso Leví no tiene parte ni herencia entre sus hermanos: el Señor es su herencia, como él mismo se lo ha declarado.

Deuteronomio 26,12-13: El tercer año, el año del diezmo, cuando tomes la décima parte de tus cosechas y se la des al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, a fin de que ellos puedan comer en tus ciudades hasta saciarse, dirás en presencia del Señor, tu Dios: “Yo saqué de mi casa lo que debía ser consagrado, y se lo di al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme al mandamiento que tú me diste, sin quebrantar ni olvidar ninguno de tus preceptos”.

Deuteronomio 32,8-12: Cuando el Altísimo dio una herencia a cada nación, cuando distribuyó a los hombres, él fijó las fronteras de los pueblos según el número de los hijos de Dios. Pero la parte del Señor es su pueblo. la porción de su herencia es Jacob. Lo encontró en una tierra desierta. en la soledad rugiente de la estepa: lo rodeó y lo cuidó. lo protegió como a la pupila de sus ojos. Como el águila que impulsa a su nidada. revoloteando sobre sus pichones. así extendió sus alas, lo tomó y lo llevó sobre sus plumas. El Señor solo lo condujo, no había a su lado ningún dios extranjero.

Josué 13,14: A la tribu de Leví, en cambio, Moisés no le asignó ninguna herencia: las ofrendas hechas al Señor, el Dios de Israel, son su herencia, como él mismo se lo había declarado.

Isaías 57,6: Los cantos rodados del torrente son tu parte: ¡sí, ellas te han tocado en suerte! En su honor has derramado libaciones, has presentado ofrendas, y ¿acaso yo me dejaré aplacar con esas cosas?

Jeremías 19,12-13: Así trataré a este lugar –oráculo del Señor– y a los que habitan en él: haré a esta ciudad semejante a Tófet. Las casas de Jerusalén y las casas de los reyes de Judá serán impuras como el lugar de Tófet: sí, todas esas casas sobre cuyos techos se quemó incienso a todo el Ejército de los cielos y se derramaron libaciones a otros dioses.

Salmo 64,5: Dichoso el que tú eliges y acercas, para que viva en tus atrios: que nos saciemos de los bienes de tu casa, de los dones sagrados de tu templo.

Salmo 72,23-26: yo siempre estaré contigo, tú agarras mi mano derecha, me guías según tus planes, y me llevas a un destino glorioso. ¿No te tengo a ti en el cielo? Y contigo, ¿qué me importa la tierra? Se consumen mi corazón y mi carne por Dios, mi lote perpetuo. 

Salmo 104,7-11: El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac, confirmado como ley para Jacob, como alianza eterna para Israel: “A ti te daré el país cananeo, como lote de su heredad”.

Salmo 141,6-8: A ti grito, Señor, te digo: “Tú eres mi refugio y mi lote en el país de la vida”. Atiende a mis clamores, que estoy agotado; líbrame de mis perseguidores, que son más fuertes que yo; sácame de la prisión, y daré gracias a tu nombre: me rodearán los justos, cuando me devuelvas tu favor.

Lucas 10,38-42: Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Marta, que muy estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude”. Pero el Señor le respondió: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será quitada”.

Juan 8,16: mi juicio vale porque no soy yo solo el que juzga, sino yo y el Padre que me envió.

Juan 8,29: El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada.

Hechos 2,24-32: Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él. En efecto, refiriéndose a él, dijo David: “Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza, porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción. Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia”. Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción. A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos.

Hechos 13,26-37: Hermanos, este mensaje de salvación está dirigido a ustedes: los descendientes de Abrahán y los que temen a Dios. En efecto, la gente de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús, ni entendieron las palabras de los profetas que se leen cada sábado, pero las cumplieron sin saberlo, condenado a Jesús. Aunque no encontraron nada en él que mereciera la muerte, pidieron a Pilato que lo condenara. Después de cumplir todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del patíbulo y lo pusieron en el sepulcro. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos y durante un tiempo se apareció a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, los mismos que ahora son sus testigos delante del pueblo. Y nosotros les anunciamos a ustedes esta Buena Noticia: la promesa que Dios hizo a nuestros padres, fue cumplida por él en favor de sus hijos, que somos nosotros, resucitando a Jesús, como está escrito en el Salmo segundo: Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy. Que Dios lo ha resucitado de entre los muertos y que no habrá de someterse a la corrupción, es lo que el mismo Dios ha declarado diciendo: Cumpliré las santas promesas hechas a David, aquellas que no pueden fallar. Por eso también dice en otro pasaje: No permitirás que tu Santo sufra la corrupción. Sin embargo David, después de haber cumplido la voluntad de Dios en su tiempo, murió, fue a reunirse con sus padres y sufrió la corrupción. Pero aquel a quien Dios resucitó no sufrió la corrupción.

Hebreos 4,10: aquel que entra en el Reposo de Dios descansa de sus trabajos, como Dios descansó de los suyos.

Hebreos 10,19-20: Por lo tanto, hermanos, tenemos plena seguridad de que podemos entrar en el Santuario por la sangre de Jesús, siguiendo el camino nuevo y viviente que él nos abrió a través del velo del Templo, que es su carne.

 

DE LA TRADICIÓN DE ISRAEL

Talmud:

(bTamid 6): Rabí Hiya enseñó: Todo el que estudia la Torá durante la noche se encuentra cara a cara con la Shequina, pues está dicho: Tengo constantemente al Eterno ante mis ojos (Sal 16,8), como también: Levántate, durante la noche clama a la entrada de las ciudades, (...) en presencia del Señor.

(bSanedrín 22a) El que ora tiene que verse a sí mismo como si la ‘Presencia-divina’ (Shekiná) estuviera ante él, pues está dicho: Yo siempre tengo al Señor ante mí (Sal 16,8).

Midrash Tehillim (explicación homilética de los salmos):

Por eso se me alegra el corazón, y mi alma goza. Rabí Abahu dijo: mi corazón se alegra en las palabras de la Torá. Y mi gloria goza sobre el rey mesías, que entonces veré ante mí. Es lo que está escrito: porque sobre la gloria del Señor se extenderá un manto (Is 4,5). También mi carne descansa segura, es decir, después de la muerte. De lo que se deduce que ni el gusano ni el moho tuvieron potestad sobre su carne 

Dijo David al Santo, -¡bendito sea!-, ¡Señor del mundo!, hazme conocer el sendero de la vida. Y el Santo, -bendito sea-, le respondió “¿Deseas la vida? Vuelve tu mirada a la Torá, de la cual se ha dicho: Es un árbol de vida para quien se aferra a ella y quien así lo hace es feliz (Pr 3,18).

David Kimchi: El Señor es la parte de mi heredad, y mi cáliz, tú sostienes mi vida. No tengo otra herencia que el Señor, no como aquellos hombres cuya parte consiste en el oro, la plata o los placeres mundanos: en cuanto a mí [dice David], El Señor es la parte de mi heredad, y mi cáliz. Las palabras ‘parte’, ‘cáliz’ y ‘suerte’ son sinónimos; el motivo viene repetido para darle énfasis. Su sentido es: “en todo cuanto digo o hago mi herencia es el Señor, sólo a él se dirige mi devoción”.

A. Chouraqui: El amor que impulsa hacia el Señor excluye la posibilidad de cualquier infección o participación idolátrica. En medio de las tinieblas y aridez de la noche por la cual Dios va conduciendo al justo se va afirmando cada vez más la certeza de eternidad.

 

DE LA LITURGIA JUDÍA 

Las bendiciones del amanecer: La oración de la mañana comienza con un himno alegre de confianza en Dios: Adon Olam, que proclama los fundamentos de la fe judía: la infinita grandeza de Dios uno, al mismo tiempo que su proximidad a cada criatura humana.

Señor del mundo que reinaba antes de que todo fuera creado, cuando por su voluntad

todo se hizo; con el nombre de rey fue llamado y, cuando todo haya dejado de ser, sólo él

reinará, terrible. El fue, él es, y él será en majestad; él es uno, y sin segundo que se le

pueda comparar o asociar a él. Sin comienzo, sin fin. ¡A él la fuerza y el poderío! Él es mi

Dios, mi redentor viviente, la roca de mi sufrimiento (Jb 19,25; cf. Sal 18,5) en la hora

de la angustia. Él es mi estandarte y mi refugio, la porción de mi copa (Sal 16,5) el día

que le invoque. En sus manos confío mi espíritu (Sal 31,6), cuando me acuesto y

cuando me levanto con mi espíritu y mi cuerpo: el Señor está conmigo, nada temo (Sal 118,6).

[Tomado de A. C. Avril y D. de La Maisonneuve, Oraciones judías, Estella, Navarra 2001, pp. 17-18]. 

 

LOS MAESTROS DE LA FE NOS ILUMINAN

Orígenes:

-Habla Cristo, por medio del profeta (David). Él dice: “protégeme”, como a un hombre amenazado por sus enemigos. Todo lo que ofrezcamos a Dios, él los recibe no por su utilidad, sino para donarnos los bienes celestiales.

-El pecador se encuentra fuera de la Tierra de Dios que él nos ha mostrado a través de sus maravillas.

-La herencia de la naturaleza racional es la contemplación; la herencia de Cristo es conocer a Dios... Cristo habla como sumo pontífice: el Señor es su porción. Por tanto, la herencia de Cristo es el Padre y además el pueblo que el Padre le da...

-Quien ha renunciado a todo en este mundo, puede decir: Dios es mi porción para siempre. El Señor se hace pan comunicando su doctrina y confirmando el corazón del que lo come; se hace copa por la contemplación de la verdad, dando el gozo del conocimiento a quien bebe con amor.

-La viña verdadera nos ofrece la copa, y el que bebe dice agradecido: Me has llenado de gozo el corazón...

-Cristo es el primero cuya carne ha reposado con esperanza. ¿Qué esperanza? No solo de resucitar, sino de subir al cielo.

-Al que ha seguido el camino de la vida corresponde gustar la dulzura de la derecha de Dios, donde reside la sabiduría y la verdad que es el Hijo único. La palabra de DIOS encarnada canta este salmo en cuanto hecha hombre. Lo cual no excluye que sea Dios y que dé a conocer el camino de la vida.

Atanasio de Alejandría: Es Cristo el que habla, en nombre de todo el género humano, de la Iglesia que es su carne.

Cirilo de Alejandría: Este poema es el salmo d la justificación por la fe.

Agustín de Hipona: El Señor es la porción de mi heredad y de mi copa. Poseerán conmigo en heredad, al mismo Dios. Que otros elijan para sí porciones temporales y terrenas y que se gocen en ellas; la porción de los santos es el Dios eterno. Beban otros mortíferos placeres; la porción de mi copa es el Señor. Cuando digo ‘de mi’, me uno a la Iglesia, porque donde se encuentra la Cabeza allí está el cuerpo. (...) Tú eres el que me restituyes mi heredad, para que también sea conocida a estos que pongo en libertad la gloria que tenía en ti antes de haber sido creado el mundo (Jn 17,5). No me restituyes lo que perdí, sino que devuelves el conocimiento de su gloria a los que lo perdieron; y como yo me hallo en ellos, me restituyes a mí.

Jerónimo, Presbítero: Si un apóstol o dos interpretasen este salmo, grande sería su autoridad, tanto si fuera uno como si fueran dos. Ahora bien, a propósito de este salmo, -cosa que no sucede con ningún otro-, se nos relata en el libro de los Hechos de los Apóstoles (2,29-32) que Pedro, estando con los demás apóstoles de Dios y con Matías, que ya se había unido a las otros once, sustituyendo a Judas, interpretando las Escrituras, alzó su voz y, después de haber pronunciado muchas otras palabras, dijo: Hermanos, permítanme que les recuerde, con toda libertad, que el patriarca David murió y fue sepultado y que su sepultura subsiste aun hoy día entre nosotros. Pero él, como profeta que era, sabía que Dios le había prometido que uno de su descendencia se sentaría en su trono. Previendo que tendría lugar la resurrección de Cristo, predijo que no podría ser retenido por el sepulcro, ni su carne se correspondería. Dios resucitó a este Jesús y de ello nosotros somos testigos. Dado que todos los apóstoles, por igual, refieren este salmo a nuestro Señor y Salvador, también nosotros, que deseamos ser cristianos, debemos compartir su parecer . 

Juan Casiano: En cuanto a la hora sexta, en ella nuestro Señor y Salvador se ofreció como hostia inmaculada al Padre (cf. Lc 23,44), y subiendo a la cruz por la salvación del mundo entero, borró los pecados del género humano: Despojados los principados y las potestades los exhibió públicamente (Col 2,15), y a todos nosotros sometidos y esclavos por una deuda imposible de pagar nos liberó, suprimiéndola y clavándola sobre el trofeo de su cruz (cf. Col 2,14). En la misma hora, además, Pedro tuvo en un éxtasis la revelación de la vocación de los paganos, figurada por el lienzo evangélico descendido del cielo y de la purificación de todas las especies de animales que se encontraban allí, al decirle una voz del cielo: Levántate, Pedro, sacrifica y come (Hch 10,13). Ahora bien, aquella cosa semejante a un lienzo que descendía del cielo, atado por las cuatro puntas (Hch 10,11), evidentemente no significa otra cosa sino el Evangelio. En efecto, aunque a causa de la cuádruple narración de los evangelistas parece tener cuatro principios distintos, forma sin embargo un solo cuerpo evangélico, que contiene tanto el nacimiento (humano) de Cristo como su divinidad, sus milagros tanto como su pasión. Y bien se dice no “un lienzo” sino “como un lienzo”, porque el lienzo es signo de la mortificación. Ahora, como la muerte del Señor en su Pasión fue sometida no a la ley de la naturaleza humana, sino a la decisión de la propia voluntad, se habla de una cosa como un lienzo. Muerto según la carne, no murió sin embargo según el espíritu, porque: No fue abandonada su alma en el infierno ni su carne experimentó la corrupción (Hch 2,31; cf. Sal 15,10). Y también dijo: Nadie me quita la vida, yo la doy voluntariamente; tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo (Jn 10,18).

Regula Benedicti: El Señor, que busca su obrero entre la muchedumbre del pueblo al que dirige este llamado, dice de nuevo (cf. Mt 20,1): ¿Quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices? (Sal 33,13; cf. 1 P 3,10-12).Si tú, al oírlo, respondes “Yo”, Dios te dice: Si quieres poseer la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, y que tus labios no hablen con falsedad. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela (cf. Mt 19,16; Sal 33,14-15). Y si hacen esto, pondré mis ojos sobre ustedes, y mis oídos oirán sus preces, y antes de que me invoquen les diré: Aquí estoy (cf. Is 58,9; 65,24). ¿Qué cosa más dulce para nosotros, queridísimos hermanos, que esta voz del Señor que nos invita? Vean cómo el Señor nos muestra piadosamente el camino de la vida (cf. Sal 15,11).

Teresa de Ávila: Hale pagado bien el Señor, que, sin saber cómo, se halló con aquella libertad de espíritu tan preciada y deseada que tienen los perfectos, adonde se halla toda la felicidad que en esta vida se puede desear; porque, no queriendo nada, lo poseen todo. Ninguna cosa temen ni desean de la tierra, ni los trabajos las turban, ni los contentos las hacen movimiento. En fin, nadie la puede quitar la paz, porque ésta de sólo Dios depende. Y como a Él nadie le puede quitar, sólo temor de perderle puede dar pena, que todo lo demás de este mundo es, en su opinión, como si no fuese, porque ni le hace ni le deshace para su contento.

[Encontrado en el Breviario de Teresa de Ávila]: ¡Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta!


ORACIONES SÁLMICAS

Oh Dios que no has permitido que tu amado Hijo experimentara la corrupción del sepulcro elevándolo hasta tu presencia y sentándolo a tu derecha: concédenos la fuerza de poner nuestra esperanza en la vida que no tiene fin, pregustarla en la contemplación y gozarla por los siglos de los siglos. Amén (Serie A).

Muéstranos, Señor los senderos de la vida, y cólmanos con las delicias que se encuentran escondidas en ti, a tu derecha Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén (Serie B).

Guarda y protege, Señor, a los que esperamos en ti, concédenos vivir según tu voluntad, y haz que, iluminados por la alegría de tu resurrección, podamos, en compañía de todos los santos, encontrar junto a ti nuestras delicias (Serie Romana).

Enséñanos, Señor, los senderos de la vida y cólmanos con las delicias de tu derecha. Tu yugo, que es dulcísimo, pósalo sobre nosotros con la suavidad de tu mano; concédenos a cada uno poder bendecirte desde el amor de su corazón, glorificándote desde la inteligencia de su espíritu (Serie Hispana).

Dios, Padre todopoderoso, seguros de tu bondad, clamamos sin cesar hacia ti: “¡Señor tú eres mi herencia y mi cáliz!”. Protégenos por tu gracia y cólmanos de gozo ante la visión de tu rostro, de modo que nuestra felicidad esté siempre en ti (Serie Africana).

 

¿COMES MUCHAS VECES POR DÍA?,

¡NO DEJES DE ALIMENTARTE CADA DÍA!

¡REPITE, ASIMILA, VIVE LA PALABRA! REPITE UNA Y OTRA VEZ:

{inspirando}

¡Protégeme Dios mío!

{espirando}

¡en ti me refugio!