Muy feliz Pascua en Cristo Resucitado

Cristo Resucitó de entre los muertos,

pisoteando la muerte con su muerte,

y otorgando la vida a los que yacían en los sepulcros (Tropario de Pascua).

OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (889)

Las mujeres en el sepulcro y el ángel en la tumba que les anuncia la resurrección de Cristo

Hacia 1007-1012

Reichenau, Alemania

Orígenes: Comentario sobre el Evangelio según san Mateo

Orígenes da comienzo a la interpretación de la parábola de la cizaña. La siembra de esta nefasta semilla es obra del Maligno. Y a nosotros se nos exige estar especialmente atentos para no caer en sus redes de mentiras e iniquidades. En la cosecha final toda la cizaña será quemada (§ 2.1-2).

La buena semilla

2.1. Después de estas cosas, «respondió y dijo: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre”…» (Mt 13,37)[1]. Aunque ya hemos tratado estos asuntos, como hemos podido, en secciones anteriores[2], ahora hemos añadido comentarios que encajan perfectamente con esas observaciones anteriores, aunque nuestra interpretación sea diferente. Y considera con atención si también puedes comprender las palabras: “La buena semilla son los hijos del reino” (Mt 13,38), de una manera diferente en relación con nuestra explicación anterior. Todas las realidades buenas que se producen en el alma humana son sembradas por el Logos de Dios, que estaba “en el principio con Dios” (Jn 1,2), y se convierten en descendientes del reino de Dios, de modo que los pensamientos sanos sobre cada cosa son los hijos del reino. Pero cuando duermen y no obedecen el mandato de Jesús: “Velen y oren, para que no entren en tentación” (Mt 26,41; cf. Mc 14,38; Lc 22,40), el diablo merodea (cf. 1 P 5,8) y siembra lo que se llama “cizaña”, las doctrinas pérfidas, sobre lo que algunos llaman pensamientos naturales, es decir, las buenas semillas que proceden del Logos.

El fuego para quemar la cizaña

2.2. Ahora bien, según esta explicación, se podría decir que el campo es todo el mundo y no solo la Iglesia de Dios; de hecho, es en el mundo donde el Hijo del hombre sembró la buena semilla, y el maligno la cizaña (cf. Mt 13,37-38), constituida por los discursos perversos que, por su malicia, son hijos del maligno. Pero, al final del mundo, llamado “consumación del siglo”, deberá tener lugar la siega, para que los ángeles de Dios, encargados de esta tarea, recojan las doctrinas nocivas germinadas en el alma, las entreguen a la destrucción, arrojándolas al llamado fuego (cf. Mt 13,40), para que ardan.

Quienes no hayan estado vigilantes para evitar los engaños del Maligno, sus tentaciones, deberán experimentar el terrible “rechinar de dientes”. En cambio, los justos resplandecerán. A partir de esta afirmación Orígenes pasará a desarrollar el tema de la resurrección (§ 2.3). 

El rechinar de los dientes

2.3. Y así los ángeles y los servidores del Logos recogerán del entero reino de Cristo todos los escándalos existentes en las almas y los pensamientos que operan la iniquidad, y para destruirlos los arrojarán al horno de fuego, que los quema (Mt 13,41-42). Allí, los que se hayan dado cuenta de haber acogido en su interior, por culpa de su sueño, las semillas del Maligno, llorarán y estarán, en cierto sentido, enfadados consigo mismos: este es el rechinar de los dientes (cf. Mt 13,42; 8,12; 22,13; 25,30), por el que en los salmos se dice: “Contra mí rechinarán sus dientes” (Sal 34 [35],16). Entonces, precisamente, los justos resplandecerán, ya no de manera diferente, como al principio, sino que todos brillarán como un único sol en el reino de su Padre.

Se nos propone ahora una segunda lectura, por así expresarlo, de la parábola: ¿qué significa que “los justos resplandecerán como el sol”? (§ 2.4).

Necesidad de profundizar en el sentido de las parábolas

2.4. Ahora bien, dado que el Salvador está indicando un misterio, tanto a través de todos los detalles de la explicación de la parábola como, sobre todo, al decir: “Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mt 13,43; cf. 5,16), añade: “El que tenga oídos para oír, que oiga” (Mt 13,43), y a aquellos que consideran que la parábola está claramente explicada por su interpretación, de modo que pueden entenderla los primeros que la leen, les hace comprender, en cambio, que los mismos elementos de la explicación de la parábola necesitan a su vez ser aclarados.


[1] Sigo el texto griego según lo propone la edición de SCh 162 (p. 145, nota 4).

[2] “Se trata, sin duda, de la exégesis de la parábola misma, ausente de nuestro texto. Aquí tenemos la exégesis de la explicación que Jesús dio de la parábola. Orígenes le da una nueva interpretación” (SCh 162, p. 145, nota 5).