OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (890)

Jesucristo Resucitado se aparece a los apóstoles
y le reprocha a Tomás su incredulidad
Siglo XI
Evangeliario
Reichenau, Alemania
Orígenes: Comentario sobre el Evangelio según san Mateo
Dos son los textos bíblicos elegidos por el predicador para fundamentar su enseñanza. En ambos se subraya el resplandor, la comunión y la eternidad, característica específica de la resurrección que Jesucristo nos regala (§ 3.1-2).
El testimonio del profeta Daniel
3.1. Pero dado que anteriormente, en relación con la expresión: “Entonces los justos resplandecerán como el sol” (Mt 13,43), se decía que los justos resplandecerán no como antes, de manera diferenciada, sino que todos serán como un único sol, será indispensable exponer nuestro punto de vista al respecto. Es probable que Daniel, sabiendo que la luz del mundo (cf. Mt 5,14) son los sabios y la multitud de justos que difieren en gloria, haya dicho la frase: “Y los sabios resplandecerán como el esplendor del firmamento y por su multitud los justos resplandecerán, como astros por los siglos y por siempre” (Dn 12,3; cf. Sb 3,7).
El testimonio del Apóstol
3.2. El Apóstol, en el pasaje: “Otro es el esplendor del sol, otro el esplendor de la luna, otro el esplendor de los astros, porque un astro es diferente de otro en esplendor, así también es la resurrección de los muertos” (1 Co 15,41-42), dice lo mismo que Daniel, habiendo extraído este pensamiento de su profecía. Alguien preguntará, por tanto, por qué unos hablan de diferencia de esplendor entre los justos, mientras que el Salvador dice lo contrario: “Brillarán como un solo sol” (cf. Mt 13,43). Ahora bien, supongo que al principio de la bienaventuranza de los que son salvados, puesto que aún no han sido purificados los que no son puros, se dan entre los salvados estas diferencias de esplendor; pero cuando, como hemos explicado, sean recogidos de todo el reino de Cristo todos los escándalos, y los pensamientos que operan la iniquidad sean arrojados al horno ardiente (cf. Mt 13,41-42), las realidades del mal serán consumidas y, una vez que esto haya sucedido, habrán tomado conciencia de ello aquellos que han acogido los pensamientos hijos del Maligno, entonces los justos, convertidos en un único resplandor de sol, brillarán en el reino de su Padre (cf. Mt 13,43). Pero ¿para quién brillarán, si no es para los inferiores que disfrutarán de su luz, a semejanza del sol que ahora brilla para los que están en la tierra? ¡No brillarán ciertamente para sí mismos!
La luz que siempre brilla, la luz de Jesús Resucitado (§ 3.3).
La resurrección
3.3. ¿No será posible escribir tres veces las palabras que brille la luz de ustedes delante de los hombres (Mt 5,16) sobre la amplitud del corazón, según el dicho de Salomón? (cf. Pr 22,20 [3,3]), de modo que ahora la luz de los discípulos de Jesús brilla ante los hombres; después del éxodo [de la muerte], brillará antes de la resurrección; y, después de la resurrección, brillará hasta que todos alcancen “el hombre perfecto” (cf. Ef 4,3) y se conviertan en un único sol. Entonces brillarán como el sol en el reino de su Padre (cf. Mt 13,43).
El tesoro escondido en el campo
4.1. “El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que un hombre encontró y escondió…” (Mt 13,44).
Orígenes nos exhorta a estar atentos a la diferencia entre las parábolas dirigidas a la multitud y aquellas que compartió solo con sus discípulos (§ 4.2).
“Similitudes” para los discípulos
4.2. Las parábolas anteriores las dijo a las multitudes (cf. Mt 13,4. 24. 31. 35). Esta, en cambio, y las otras dos -pues no son parábolas, sino similitudes[1] del reino de los cielos-, parece que las dijo a los discípulos estando en la casa (cf. Mt 13,44. 45. 47). El lector atento investigue bien las dos parábolas siguientes, para ver si realmente lo son. En cuanto a las primeras, de hecho, la Escritura no ha dudado, en cada ocasión, en anteponer su nombre, mientras que, en cuanto a las últimas, no lo ha hecho. Habrá tenido una razón para hacerlo.
A los discípulos, que están en la casa, no fuera de ella, el Señor les da a conocer “los misterios del reino de los cielos”. A las multitudes les habla en parábolas, es decir, por medio de comparaciones con la vida cotidiana del pueblo (§ 4.3).
Parábolas y similitudes
4.3. Si, en efecto, habló a las multitudes en parábolas, y todas estas cosas las dijo en parábolas y sin parábolas no les hablaba (cf. Mt 13,3. 34; Mc 4,2), cuando en cambio no va a las multitudes, sino que habla en casa a los discípulos que se le acercan, está claro que las cosas dichas en casa no son parábolas. Porque en parábolas habla a los que están fuera (cf. Mc 4,11) y a los que no se les ha dado a conocer los misterios del reino de los cielos (cf. Mt 13,11).
Orígenes explica la diferencia entre parábola y similitud. Para ello recurre a dos palabras utilizadas por la filosofía estoica: impulso y repulsión. De forma que la primera, en su sentido genérico, significa una oposición a la libre voluntad gobernada por la razón; mientras que en su sentido específico el impulso es un apetito positivo que se opone a la repulsión. Así también, la semejanza entre dos objetos se encuentra tanto en la parábola como en la similitud; en tanto que el término similitud, en su significado específico, es una comparación que se opone a la parábola[2] (§ 4.4).
Impulso y repulsión
4.4. Alguien dirá entonces: si no son parábolas, ¿qué son? Siguiendo el texto de la Escritura, diremos que son quizás similitudes. Hay diferencia entre similitud y parábola. De hecho, está escrito en el Evangelio de Marcos: “¿A qué podemos comparar[3] el reino de Dios o con qué parábola podemos describirlo[4]?” (Mc 4,30). De ello se deduce que hay una diferencia entre similitud y parábola. En efecto, parece que la similitud es genérica y la parábola específica. Quizás la similitud sea un género muy amplio, al que pertenece la parábola como especie: [un género que contiene] tanto la parábola como la similitud que tiene el mismo nombre que su término genérico. Esto también se verifica en otros casos, como han observado los expertos en relación con la formación de múltiples nombres; ellos dicen que el “impulso” es un género muy amplio que abarca varias especies, como “repulsión” e “impulso”, y afirman que “impulso” se utiliza en su sentido específico, bajo una forma homónima del vocablo genérico, para oponerlo a “repulsión”.





