OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (898)

Cristo presenta la Eucaristía para su adoración

Hacia 870

Sacramentario

Francia

Orígenes se muestra más interesado en presentar la dificultad del texto que debe abordar, que en resolverla. Para él la Biblia es “el libro de Cristo” y “las palabras humanas, incluso las más completas y bien utilizadas, son inapropiadas frente al misterio que las sobrepasa y emerge por su intermedio; e modo que, en ocasiones, puede ser necesario conservar errores aparentes o cambios en el texto que exigen una comprensión más profunda...”[1] (§ 16.1-2).

Una cuestión a resolver

16.1. “Y sucedió que, cuando Jesús hubo terminado estas parábolas, se marchó de allí. Y al llegar a su tierra natal…” (Mt 13,53-54).

16.2. Puesto que anteriormente hemos analizado si las palabras dirigidas a las multitudes eran parábolas, y las dirigidas a los discípulos, similitudes, y hemos expuesto las observaciones que se planteaban al respecto, que en mi opinión no deben menospreciarse, debemos reconocer que parecerá en contradicción con todas esas observaciones el epílogo referido no solo a las parábolas, sino también a las similitudes, tal y como las hemos definido: “Y sucedió que, cuando Jesús hubo terminado estas parábolas partió de allí” (cf. Mt 13,53). Nos preguntamos, por tanto, si hay que rechazar todas esas observaciones, o si hay que decir que hay dos tipos de parábolas: las contadas a las multitudes y las narradas a los discípulos; o si las palabras: “Y sucedió que, cuando Jesús hubo terminado estas parábolas”, se refieren únicamente a las parábolas pronunciadas antes de las similitudes. De hecho, según las palabras: “A ustedes les ha sido dado conocer los misterios del reino de los cielos[2], a los demás, en cambio, en parábolas” (Lc 8,10), no es posible decir que el Salvador hablara en parábolas a los discípulos, dado que ellos no son de los de fuera (cf. Mc 4,11). De ello se deduce que el pasaje: “Y sucedió que cuando Jesús hubo terminado estas parábolas, se marchó de allí”, se refiere a las parábolas pronunciadas mucho antes, o que el nombre de parábola es un homónimo, o que hay dos tipos de parábolas, o bien que las que hemos denominado similitudes no son parábolas en absoluto.

El retorno de Jesús a su patria fue motivo no de gloria, ni siquiera de buena recepción, sino de contradicción y hasta de escándalo. En cambio, los gentiles, “los ajenos a los alianzas”, recibieron de mejor forma su anuncio de salvación (§ 16.3-4).

Despreciado en su patria

16.3. Fíjate bien: las parábolas las dice fuera de su patria. “Una vez terminadas, partió de allí y, al llegar a su patria, enseñaba en su sinagoga” (Mt 13,53-54). Marcos, en cambio, dice: “Fue a su patria y los discípulos le siguieron” (Mc 6,1). Debemos preguntarnos, por tanto, basándonos en el texto, si indica Nazaret como su patria, o Belén: Nazaret, porque será llamado Nazareno (Mt 2,23); Belén, porque allí nació (Mt 2,1). Además, me pregunto si los evangelistas, aunque podían decir: “vino a Belén” o “vino a Nazaret”, no lo hicieron, sino que la llamaron “patria”, por un sentido místicamente indicado en el lugar que rodea su patria, que es toda Judea (cf. Lc 4,44; 7,17; Hch 10,37; 28,21), en la que fue despreciado, según el pasaje: “No hay profeta despreciado sino en su propia tierra” (Mt 13,57; cf. Mc 6,4; Lc 4,24; Jn 4,44).

Jesucristo era honrado por los paganos

16.4. Y si se comprende que Jesucristo es un escándalo para los judíos (1 Co 1,23), ya que entre ellos es perseguido hasta el día de hoy (cf. Hch 9,5), mientras que entre las naciones es proclamado y creído (cf. 1 Tm 3,16) -pues su palabra ha recorrido toda la tierra (cf. Rm 10,18; 2 Ts 3,1; Sal 18 [19],4-5)-, se verá que Jesús en su propia patria no era honrado, mientras que lo es entre los ajenos a las alianzas (cf. cf. Ef 2,12), las naciones.

Jesús nunca dejó de lado la participación en la liturgia sinagogal; al contrario, fue siempre fiel a la religión de su pueblo. No sabemos con exactitud todo lo que enseñaba en la sinagoga, pero sin duda “maravillaba” a los oyentes, incluso cuando no eran bien recibidas sus palabras (§ 16.5).

Enseñaba en la sinagoga

16.5. Qué cosas enseñaba al hablar en su sinagoga, los evangelistas no lo han relatado, pero dicen que eran tantas y tales, que todos quedaban maravillados (cf. Mt 13,54); y es probable que lo que decía estuviera por encima de lo que ellos escribían. En cualquier caso, enseñaba en su sinagoga: ni se distanciaba de ella ni la rechazaba.


[1] OO 11/1, pp. 153-154, nota 40.

[2] “Reino de Dios”, en nuestras ediciones del NT griego.