INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DE LOS TEXTOS DEL MONACATO CRISTIANO PRIMITIVO (siglos IV-VI) [17]

1.4. Evagrio Póntico

Hacia la contemplación (la gnósis)

La articulación entre la praktiké y la gnósis es un punto capital en el sistema evagriano. No se trata de dos dominios yuxtapuestos, entre los cuales la impasibilidad (o apátheia) sería una línea de separación o de demarcación.

Evagrio distingue entre una apátehia imperfecta (o pequeña) que se alcanza al vencer las pasiones de la parte concupiscible del alma, y otra segunda o perfecta que se obtiene al vencer las pasiones de la parte irascible. Pero sólo los ángeles logran llegar al segundo estadio en modo total; para el hombre es una meta hacia la que tiende sin cesar, pero nunca alcanza definitivamente.

La vida gnóstica comienza, en su forma más humilde, cuando el hombre llega a las “fronteras de la apátheia”:

“El práctico es aquel que solamente ha adquirido la impasibilidad de la parte turbada por las pasiones del alma. El gnóstico es el que desempeña el papel de la sal para los impuros y de la luz para los puros” (El Gnóstico [= Gnos.] 2-3).

Y esa vida gnóstica se va desarrollando a medida que el hombre progresa en la apátheia, purificando su parte irascible. Por eso, el gnóstico (el “contemplativo”) debe practicar particularmente la bondad y la caridad. Esta última es el “freno” de la parte irascible y crece con la apátheia:

“Todas las virtudes le franquean el camino al gnóstico, pero más que todas ellas el dominio de la cólera. Aquel, en efecto, que ha tocado la ciencia (=la contemplación) y se deja ir fácilmente hacia la cólera es semejante a un hombre que se vacía los ojos con la punta de un hierro” (Gnos. 5).

“El gnóstico se ejercitará siempre en la limosna y estará dispuesto para ser un bienhechor. Si no posee dinero, pondrá en juego el instrumento de su alma[1]. Porque, de todas formas, es propio de su naturaleza hacer limosna: lo que les faltó a las cinco vírgenes cuyas lámparas se habían apagado”[2] (Gnos. 7).

Esta doctrina de la relación entre praktiké y vida gnóstica parece que proviene de una reflexión personal de Evagrio, en la que ha volcado su cultura filosófica y teológica.

La contemplación, la vida gnóstica, o “ciencia espiritual” se compone de dos grandes partes o “momentos”:

·       la contemplación natural, cuyo objeto son las naturalezas creadas;

·       la contemplación de Dios o teología.

“El fin de la práctica es purificar la parte racional del alma y hacerla impasible; el de la contemplación natural (physiké), es revelar la verdad oculta en todos los seres; pero alejar el intelecto (= parte racional del alma) de las materias e inclinarlo hacia la Causa primera (el Creador), esto es un don de la teología” (Gnos. 49).

La contemplación natural, a su vez, se divide en:

·       contemplación natural segunda: de las naturalezas materiales y visibles;

·       contemplación natural primera: objetos o naturalezas invisibles y espirituales.

La contemplación natural segunda se distingue de la contemplación que Evagrio llama “común”, pues, aunque se realizan por medio de los sentidos del cuerpo, aquella va más allá de la apariencia material de los objetos, hasta su principio: su ser, su inteligibilidad o comprensibilidad. Y como es contemplación de las “razones” o principios (lógoi), aunque se trate de objetos materiales, ya es una ciencia espiritual:

“Ten cuidado, porque toda cosa creada no tiene solamente una razón sino varias, y según la medida de cada uno; las potestades santas, ellas alcanzan los lógoi verdaderos de los objetos, pero no el Primero, él sólo es conocido por Cristo” (Gnos. 40).

La contemplación permite conocer las naturalezas en sus lógoi. Éstos tienen su principio en el Lógos, el Verbo, que Cristo tiene en sí. Así, solamente Cristo conoce la Causa primera de cada naturaleza, ya que presidió su creación. Los seres racionales creados (ángeles y hombres), en la presente condición, conocen los lógoi de las cosas según la capacidad de cada uno (los ángeles se aproximan mucho más), pero siempre son aspectos múltiples y parciales de la Causa primera.

Por eso para acceder a la contemplación es necesario, para Evagrio, haber pasado por la purificación de la praktiké. Únicamente quien ha llegado a la apátheia (o a sus umbrales) comienza a percibir la realidad espiritual de los objetos materiales.

Los hombres que todavía no se han purificado, al igual que los demonios, no pueden ir más allá de la contemplación común. Por esa causa los demonios le hacen la guerra al monje durante la praktiké; no quieren, por envidia, que los hombres alcancen una contemplación de la cual ellos están privados. Y logran su meta cuando perturban el irascible y provocan pensamientos de cólera. La contemplación de los lógoi tanto más clara será cuanto más purificada esté el alma en su parte irascible:

“La columna de la verdad, Basilio de Capadocia, dijo: «La ciencia que proviene de los hombres se fortalece por el estudio y el ejercicio asiduos, pero la que recibimos por la gracia de Dios[3], se fortalece por la justicia, el dominio de la cólera y la misericordia. La primera la pueda recibir incluso aquel que está sometido a las pasiones; pero la segunda, solo son capaces de recibirla los impasibles»...” (Gnos. 45).

Por ende, la contemplación espiritual es una suerte de desciframiento espiritual de las naturalezas creadas, cuyo verdadero sentido, hasta ese momento, se nos había escapado.

Así sucede, por ejemplo, con la Sagrada Escritura. Cuando el gnóstico descubre su sentido espiritual percibe las verdades que antes, cuando leía ateniéndose a la letra, le estaban vedadas.

La exégesis alegórica es, por tanto, una parte de la contemplación espiritual, por medio de la cual el gnóstico descubre la verdadera naturaleza de los seres:

“Hay que buscar, en los pasajes alegóricos y literales, si tratan de la praktiké de la contemplación natural (physiké), o de la teología. Si tratan de la praktiké hay que examinar si hablan de la irascibilidad y de lo que nace de ella, o bien de la concupiscencia y lo que le sigue, o bien de la parte racional del alma y sus movimientos. Si se refieren a la contemplación natural, hay que ver si dan a conocer alguna de las doctrinas que conciernen a la naturaleza, y cuál de ellas. Y si se trata de un pasaje alegórico concerniente a la teología, hay que examinar, en cuanto sea posible, si informa sobre la Trinidad y si Ella (la Trinidad) es vista simplemente o si es contemplada en la Unidad. Pero si no hay nada de esto, se trata de una contemplación simple, o bien sólo da a conocer una profecía” (Gnos. 18).

La contemplación natural segunda no es únicamente la percepción de los lógoi de las naturalezas que constituyen el mundo material, sino que es la percepción de los que Evagrio denomina: percepción de los lógoi de la providencia y el juicio. Es decir, las razones que explican la existencia del mundo material y el fin para el cual ha sido creado:

“Medita constantemente sobre los lógoi que conciernen a la providencia y al juicio... Encontrarás los lógoi concernientes al juicio, en la diversidad de los cuerpos y de los mundos; y los que atañen a la providencia, en las disposiciones que nos hacen ascender de la malicia y la ignorancia a la virtud y la contemplación” (Gnos. 48).

El gnóstico descubre entonces las grandes verdades que constituyen la reflexión teológica de Evagrio, que él presentó en los Capítulos Gnósticos, en términos velados. Son aquellas, en efecto, que sólo los gnósticos pueden conocer y hay que cuidarse de revelar prematuramente a quienes no están suficientemente purificados y son incapaces de comprender:

“... Vamos a exponer lo referente a la vida práctica y a la vida contemplativa (gnóstica)[4]; no vamos a tratar de todo lo que hemos visto y oído, sino solamente de aquello que hemos aprendido de los Padres para comunicárselo a otros. Hemos condensado y distribuido lo referente a la vida práctica en cien capítulos, y la enseñanza sobre la vida contemplativa en cincuenta y además en otros seiscientos capítulos. Ciertas cosas las hemos velado, otras las hemos obscurecido, para no dar a los perros lo que es santo y no arrojar perlas a los cerdos (Mt 7,6). Pero todo resultará claro para quienes transitan por el mismo camino que los Padres.

El cristianismo es la doctrina de Cristo, nuestro Salvador, que se compone de la praktiké, de la contemplación del mundo físico (physiké) y de la contemplación de Dios (theología).

El reino de los cielos es la apátheia del alma, acompañada del verdadero conocimiento de los seres creados.

El reino de Dios es el conocimiento de la Santa Trinidad, coextensivo con la capacidad de la inteligencia y superior a su incorruptibilidad” (Tratado Práctico pról. 9; 1-3).

Finalmente, Evagrio expondrá su “mística” en el Tratado de la Oración (= TO). En él define la oración como “ascensión del espíritu hacia Dios” (TO 35). En ella se resume toda la vida espiritual que va del espíritu hacia Dios:

“¿Quieres orar? Sal de aquí y ten tu morada en los cielos (cf. Flp 3,20), pero no sólo con palabras sino con la praxis angélica y con la gnosis divina” (TO 142).

Para orar verdaderamente hay que estar libre de los pensamientos turbados por las pasiones, sobre todo los que son sugeridos por el demonio de la cólera:

“Si Moisés, cuando intentó acercarse a la zarza ardiente, no pudo hacerlo hasta que se quitó las sandalias de sus pies (cf. Ex 3,5) ¿cómo tú, que pretendes ver al que está por encima de todo conocimiento y sentimiento, no te desprendes de todo pensamiento perturbado por la pasión?” (TO 4).

Además, hay que tener el espíritu libre de toda representación o recuerdo que intente distraerlo:

“Pugna para que tu espíritu, en el tiempo de la oración, sea sordo y mudo. Entonces podrás orar” (TO 11).

La verdadera oración es aquella que se realiza sin distracciones, a la que Evagrio denomina “oración pura”. Esta oración implica la ausencia de toda imagen o de toda forma por medio de la cual uno se representa a Dios:

“Cuando ores, no plasmes en ti representación alguna de lo divino, ni per que en tu espíritu se imprima ninguna forma, sino ve, inmaterial, hacia lo inmaterial y lo hallarás” (TO 66).

Desprendido, en cierta medida, de la materialidad el espíritu está en condiciones de ejercer la actividad que le es propia:

“La salmodia calma las pasiones y apacigua la intemperancia del cuerpo. La oración, en cambio, hace que el espíritu se ejercite en la actividad que le es propia” (TO 83).

La oración pura le permite al espíritu acceder, al menos de forma temporal, a la teología:

“Si eres teólogo, orarás verdaderamente; y si oras verdaderamente, eres teólogo” (TO 60).

En el estado momentáneo de oración pura el espíritu no tiene una visión directa de Dios, se ve a sí mismo, pero iluminado por esa luz que es Dios mismo.

 

Fuentes:

Evagrio Póntico, Las bases de la vida monástica, en Cuadernos Monásticos n. 211 (2019), pp. 539-562.

https://www.surco.org/sites/default/files/cuadmon/fuentes211.pdf

Evagrio Póntico, Espejo de Monjes y Espejo de Monjas; Tratado de la Oración; Tratado Práctico; traducción en: Evagrio Póntico. Obras espirituales, Madrid, Ed. Ciudad Nueva, 1995 (Biblioteca de patrística, 28); y también: Evagrio Póntico. El Tratado Práctico. A los monjes (que viven) en cenobios y comunidades. Exhortación a una virgen. El tratado de la oración, Buenos Aires, ECUAM – Agape Libros, 2015 (Fontes, 10).

https://www.surco.org/sites/default/files/cuadmon/disponible_disponible-forma-gratuita/cuadernos-monasticos-36-2252.pdf (Espejo…)

https://www.surco.org/sites/default/files/cuadmon/disponible_disponible-forma-gratuita/cuadernos-monasticos-37-2264.pdf (Trat. de la Oración)

https://www.surco.org/sites/default/files/cuadmon/disponible_disponible-forma-gratuita/cuadernos-monasticos-37-2265.pdf (Trat. Práctico)

 

Estudios:

La tradición, pp. 221-228.

 


[1] Es decir, la caridad ejercida por medio de la enseñanza o la dirección espiritual.

[2] La misericordia tiene como símbolo el aceite; es decir, la misericordia alimenta la contemplación (la ciencia), al igual que el aceite la lámpara. En la Epístola 27, dice Evagrio: “... Llamo lámpara al espíritu que ha sido creado para recibir la luz santa, pero que, a causa de su dureza, se apartó del conocimiento de Dios; allí donde falta el aceite, domina la cólera”.

[3] ¿El bautismo o la apátheia?

[4] Para Evagrio el gnóstico es aquel que anhela un conocimiento superior por deseo de la salvación, lo cual conlleva una formación más amplia y comprometida.